Marcelo Ostria Trigo*

Cuando esta nota sea publicada, habrán pasado unas horas de terminadas las elecciones para gobernadores, asambleístas departamentales, alcaldes y concejales municipales. No se sabe aún los resultados de los que depende la configuración política de las diferentes regiones del país, y que serán –si esos resultados son fidedignos– los que nos den una idea de cuáles son las preferencias ciudadanas.

Algunos obstáculos levantados por la propia autoridad electoral, fueron allanados, como la torpe inhabilitación del candidato más popular a la alcaldía municipal de Cochabamba, Manfred Reyes Villa. Tampoco se aceptó el torbellino de peticiones de partidarios del oficialismo para que se inhabilite a otros candidatos opositores con posibilidades de ganar el voto ciudadano.

Todo parece estar bien. Pero –siempre hay un pero– estas elecciones, como todas las convocadas por el populismo, no son confiables. En nuestro país se comienza con un Padrón Electoral distorsionado y no depurado. Así, se contarán votos dobles y triples, como consecuencia de la vigencia de cédulas de identidad clonadas y de fallecidos. Por supuesto que habrá otros manejos dolosos que pueden quedar en la impunidad.

Este no es un drama solo de Bolivia, sino de todos los países que están gobernados por regímenes del socialismo del siglo XXI, como los que prevalecen en Cuba, Nicaragua y Venezuela, y que se ha robustecido con un radical kirchnerismo en Argentina, y con la demagogia e inoperancia de AMLO en México.

No se puede saber aún si el anuncio del entonces candidato, el presidente Arce, acerca de que Bolivia va hacia el socialismo tipo cubano, ha tenido efecto en los votos de los ciudadanos. Pero, de cualquier manera, la intención presidencial no ha cambiado. En esto hay un crucial peligro para la democracia representativa y la libertad.

Si bien el pueblo pudiera haber reaccionado ante un gobierno que se empeña en repetir los 14 años del régimen de Evo Morales, una mala elección para los masistas no va a cambiar radicalmente el estilo populista. Es cierto que el actual presidente, no ha concitado el culto a la personalidad que se dio a su antecesor, pero sus esfuerzos son los mismos.

Todo lo anterior, está sujeto a cómo se maneje el asunto electoral. Pero las experiencias del pasado no son buenas. La arbitrariedad continuó y las condiciones también. No es probable que el MAS acceda a actuar sujeto a las reglas de la democracia, de respeto a los opositores, de permitir que puedan acceder a la función pública no solo sus partidarios, sino los calificados para cada función. El torpe caso de la Cancillería, muestra la decisión de negar todo acceso a un cargo en el servicio exterior a quien no demuestre ser partidario del Movimiento al Socialismo, aunque se tenga las calificaciones para ejercer la función pública.

La decisión de no poner en vigencia el conteo rápido de los votos, hace crecer dudas. Pero no hay opción: hay que esperar, aunque ello sea una manera de ganar tiempo para manipular los resultados electorales.

*Exembajador de Bolivia en la OEA

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