Marcelo Ostria Trigo

Hace poco, el gobierno conformó una comisión para que proponga una reforma integral de la justicia, la que solo se reunió una vez desde la designación de sus miembros y, al parecer, ya no funcionará. Por supuesto que hay preocupación. Sin Poder Judicial separado y autónomo, es decir sin injerencias políticas, no hay democracia. En efecto, la Carta Democrática Interamericana, suscrita unánimemente por los países miembros de la Organización de los Estados Americanos (OEA), ratifica que uno de los elementos constitutivos de la democracia, es “la separación e independencia de los poderes públicos” (Art. 3º).

La conducta de los miembros de la judicatura en los más de catorce años de gobierno del MAS, fue obsecuente al régimen, ocasionado la desconfianza en los ciudadanos.

Siguen los excesos del oficialismo. Se ha llegado a declarar, como fecha memorable, el día de las recientes elecciones generales de noviembre del pasado año, como fecha de la Recuperación de la Democracia. Lo que, sin embargo, solo muestra que han recuperado el poder para continuar con la política del MAS; y la democracia quedó atrás.

No se debe pasar por alto las afirmaciones del ahora presidente, Luis Arce Catacora, que en su reciente campaña electoral, decía que la orientación que él propone para Bolivia se inspira en el modelo comunista cubano. Hay que recordar que el entonces candidato mencionaba los supuestos logros del castrismo y afirmaba que ese es el camino que seguiría el país. Eso no es promover los valores y fundamentos de la democracia. Sin embargo, tampoco se ve una orientación precisa hacia un modelo en particular; solo es un régimen que aspira a regir el país sin controles y sin justicia, con la totalidad del poder.

A propósito, Carlos Daniel Casa, Doctor de Filosofía de la Universidad Católica de Córdoba, Argentina, en una columna en La Prensa de Buenos Aires (20.12.2020), se refiere a que el filósofo francés Michel Onfray, y afirma que los que siguen esta corriente populista “tienen el propósito destruir la libertad, empobrecer la lengua, suprimir la historia para reescribirla a voluntad, negar la naturaleza y propagar el odio”. Y cita: “El progresismo se ha transformado en la religión de una época privada de experiencias de lo sacro, se ha convertido en la esperanza de estos tiempos desesperados sin fe”.

El régimen en Bolivia crea símbolos patrios paralelos, rinde homenaje a oscuros personajes del pasado, festeja días presuntamente venerables, mientras rige la voluntad del caudillo y se imponen leyes nada prudentes.

No es extraño que, en un gobierno de partido, la purga de funcionarios para dar cabida a sus conmilitones incrementa la ineficiencia de la Administración Pública, lo que es un distintivo del MAS. Esto se refleja también en el muy mal manejo de la grave pandemia del coronavirus que sufre el país. El pretexto: la culpa fue del otro.

Mientras tanto, se festeja con un feriado, una supuesta recuperación de la democracia.

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