Arturo Yáñez Cortes

“Urge liberalizar el mercado de las vacunas de forma tal que también las empresas farmacéuticas puedan adquirirlas”.

Por muy liberal que seas (aquellos que saben de lo qué se trata esa doctrina) en las circunstancias actuales –pandemia- no queda más remedio que esperar del estado que haga su trabajo y, proteja el bien más importante de cualquier sociedad: la vida + la salud de sus ciudadanos.

Ante el descalabro mundial que ha causado el coronavirus19 que, en Bolivia, ya va por la segunda vuelta y mientras se terminan de verificar los tratamientos y sus protocolos; la ciencia ha logrado el fabuloso desarrollo de por lo menos media docena de vacunas, ya aprobadas para su uso y, varios países han comenzado semanas atrás a vacunar a sus privilegiados ciudadanos, empezando por los más vulnerables, lo que ha dado lugar a uno sino varios problemas: ¿Cuáles son las vacunas más confiables? ¿Cómo financiarlas? ¿La logística de distribución y aplicación? Y otros, dependiendo de cada realidad.

En Bolivia, según el último reporte epidemiológico disponible, la anterior semana ya estábamos cerca de los 200.000 casos detectados y, sensiblemente, cerca de los 10.000 muertos, sin contar con los tremendos daños a la economía, educación y otros. Urge por lo tanto, acceder al sin duda invento de por lo menos la década, consistente en la(s) vacuna(s) de forma que me temo, a mediano plazo, podamos contener al maldito bicho que, insisto –pues los brotes son inevitables y las pandemias son opcionales- ha devenido en pandemia, por la opacidad de la dictadura China.

Pues bien, por fin, el gobierno anunció hace días atrás la compra de vacunas –las rusas, para variar-, así como las que podremos acceder por el mecanismo COVAX antes tramitado e incluso, el Presidente acaba de anunciar en su discurso, que dispondríamos de 15 millones de vacunas, sin mayores detalles (que bien le hubieran venido a ese su discurso).

El hecho es que así como están las cosas, sumado a las taras estatistas del gobierno, los ciudadanos estamos condenados a depender de la burocracia estatal para, defender y preservar nuestro bien de mayor valor: la vida, lo que constituye la peor de las alternativas posibles, pues sea bajo este gobierno, el anterior de transición o el régimen que les precedió, tenemos sobradas pruebas que el manejo no es eficiente, como hoy lo prueba el sólo hecho que ya muchos países con posibilidades similares al nuestro –Ecuador, para citar uno- ya está vacunando a los suyos y nosotros estamos todavía extraviados en echarle las culpas a terceros y no asumir nuestras obligaciones.

A la vista de los bienes jurídicos protegidos: vida+salud+economía, entre otros, cabe despojarnos de nuestras preferencias ideológicas y similares, y centrarnos en lo urgente + importante: las vacunas, su distribución y aplicación.

Ello implica implementar inmediatamente pues no hay tiempo para seguir perdiendo, un mecanismo mixto que obtenga lo mejor del estado, pero también de la iniciativa privada. No se le puede dejar toda la responsabilidad con todo lo que ello implica –como ya se ha visto, dado el rezago inocultable- a la burrocracia estatal –con erre- pues las vidas de millones de ciudadanos bolivianos están en juego y, el tiempo apremia. Urge liberalizar el mercado de las vacunas de forma tal que también las empresas farmacéuticas puedan adquirir y distribuir las vacunas a quienes estén en condiciones de pagarla, obviamente bajo parámetros de calidad, seguridad y controles que eviten la especulación. Incluso, en aras de la solidaridad, podría añadirse a su costo, por ejemplo unos 10 bolivianos que vayan como una suerte de subvención en favor del compatriota que no pueda pagar su costo.

De esa manera además las debilitadísimas arcas estatales tendrían un respiro, pues si una cantidad importante de ciudadanos puede pagarse su vacuna, el estado quedará liberado de esa su obligación y podrá destinar esos recursos, hacia otras áreas también necesarias.
Urge por ello liberar el mercado de vacunas y, es oportuno hacerlo ya no más, pues no es fácil adquirirlas en el mercado actual, pero cuanto más tiempo el estado quiera retener exclusivamente esa tarea, más vidas de bolivianos estarán en mayor riesgo de las que ya están. Es que: “Es muy importante la vacunación intelectual contra el virus del estatismo” A. BENEGAS LYNCH (h).

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