Emilio Martínez Cardona*

Un 23 de enero como hoy, pero de 1940, nacía en Montevideo Mario Levrero, escritor de culto y uno de los mejores narradores uruguayos junto a Juan Carlos Onetti y Felisberto Hernández.

Si el público para su obra no fue masivo, fue en cambio extraordinariamente fiel. O cómplice, habría que decir. Carmen Simón comentaba que, aunque Levrero tenga pocos lectores, éstos se convierten en lectores leales que nunca lo abandonan porque no pueden y, además, no quieren escapar.

“Son auténticos escritores, de alma, los que no escriben para algo sino por algo: escriben por necesidad de escribir, que es la única fuente de la que surge auténtica literatura”, solía decir Levrero.

Escribía para un solo lector (“nunca dos veces la misma persona”) y creó un aparato literario a la vez caótico y lúdico, pesadillesco y festivo, que volcó en libros tan sorprendentes como La ciudad (su primera novela, publicada en 1970 y reeditada en el 2000), París (1979) y El lugar (1984). Obras que componen lo que se ha denominado su “trilogía involuntaria”, aunque él mismo discutió este calificativo.

Junto a títulos inolvidables como La máquina de pensar en Gladys (1970) y Nick Carter se divierte mientras el lector es asesinado y yo agonizo (1975-1992), o de aquel Manual de Parapsicología escrito por encargo del misterioso profesor Torri, estos libros forman parte de un corpus alucinado, por momentos kafkiano y a veces salido de la más tortuosa tira cómica, de esos “pulp” que Levrero devoraba con pasión.

Según cuenta Ana Inés Larre Borges, cada libro de Levrero fue escrito escuchando cierta música en particular. Por ejemplo, La ciudad y Los Beatles, o el cuento Caza de conejos con piezas de Schubert como La muerte y la niña y La trucha. Sólo una de las tantas manías o rituales de este escritor-esfinge que también supo desempeñar, entre otros oficios, los de crucigramista y director de cine mudo.

A lo largo de los años prohijó una serie de heterónimos entrañables, como Lavalleja Bartleby, Alvar Tot, Sofanor Rigby y la temible Tía Encarnación. Ellos le habrán acompañado en el último viaje, que Levrero hizo el 30 de agosto de 2004, seguramente bien pertrechado con una novelita de Rex Stout y una revista de Los cuatro fantásticos.

*Escritor y periodista uruguayo-boliviano. Editor de Esto También Sucede.

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