Marcelo Ostria Trigo

Para que un régimen sea considerado democrático, es indispensable la presencia de una oposición consciente de su papel en la política nacional. Por su parte, la mayoría que detenta el poder, está obligada a respetar el derecho ciudadano de disentir y de oponerse democráticamente al régimen prevaleciente.

Este equilibrio entre gobierno y oposición, muy raramente se ha dado en nuestro país. Por el contrario, el esfuerzo entre los años 2006 y 2019, fue terminar con la oposición organizada, perseguir y encarcelar a quienes se mostraban como adversarios del régimen. El resultado ante esta demasía sin freno, fue la corrupción, la ineficiencia y la intolerancia.

Nuevamente en el poder, el Movimiento al Socialismo, luego de que su candidato no fue su jefe absoluto Evo Morales, parecía que renovaba sus cuadros de dirigentes, lo que parecía una prometedora actitud, más democrática y tolerante; que se había abandonado la voluntad del mandamás que era ley aceptada por todo el aparato estatal.

La composición del nuevo gabinete ministerial, sin la presencia de los anteriores colaboradores en el anterior gobierno masista, prometía un giro que podía cambiar la antigua conducta, y crear a un clima de mayor libertad y de respeto mutuo y convergente entre la mayoría masista y las minorías.

Uno de los signos que contribuían a esta percepción de cambios de actitud, fue la consigna muy repetida, que los anteriores ministros de Evo Morales, no deberían integrar el nuevo gobierno. Y eso se hizo. Pero no fue suficiente el cambio de personajes para marcar una nueva etapa con una política tolerante y respetuosa de los derechos democráticos de los ciudadanos ni que el presidente Arce, haya dicho que él será quien tome las riendas de su gobierno, y que, si el expresidente Morales quería colaborar, sería bienvenido.

Sin embargo, ahora hay un vuelco notorio. En una reciente reunión partidaria, Evo Morales anunció que se resolvió que sus exministros tendrán la tarea de “cuidar la gestión” del presidente Arce Catacora. En realidad, muchos interpretaron esta decisión, no como una colaboración al correligionario electo primer mandatario, sino como una advertencia del eterno jefe del Movimiento al Socialismo, de que el número uno sigue siendo él, y que los asuntos de Estado serán vigilados por veedores. A lo anterior se suma, la declaración, en su estilo, del ex ministro Juan Ramón de la Quintana: “Prescindir de ellos (las exautoridades) sería un gravísimo, gravísimo, error” (La Razón, 20.11.2020). Al parecer, ese “error” se está cometiendo, y se podría desatar una pugna entre los antiguos jerarcas y los nuevos nominados.

Y es más: mostrando que “el objetivo es copar todo espacio político, Evo Morales anticipó que el MAS ganará en 7 departamentos y 300 municipios del país” (Radio Illimani), es decir, gobernaciones y alcaldías.

Van por todo, como siempre.

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