Marcelo Ostria Trigo

Los que triunfan en las elecciones, al inicio de sus gestiones, las fáciles promesas de campaña frecuentemente se reafirman: resolver los problemas existentes, mejorar la economía, garantizar la vigencia de los derechos individuales, y combatir la corrupción.

En nuestro este caso fue repetitivo que el candidato presidencial –hoy presidente– recuerde la época de la bonanza producto del extraordinario alza de los precios internacionales de los productos que exporta Bolivia, en especial el gas. Pero esa buena época se acabó, se la desaprovechó y seguramente no volverá en mucho tiempo. Ahora los nuevos desafíos son realmente preocupantes, y no parece que, con slogans, se vayan a superar la crisis, especialmente la de la pandemia del coronavirus.

Persiste la idea de que se repetirán los años de gobierno del MAS. Sin embargo, hay señales de que la administración del presidente Luis Arce no será una mera continuación de los catorce años de Evo Morales. Si se toman en cuenta las declaraciones del nuevo mandatario, se advierte que hay algunas expresiones que marcan una mayor radicalidad: “El socialismo es el camino que tenemos los bolivianos para salir de la pobreza”. Y luego vaticina que en 15 años Bolivia seguirá los pasos de Cuba hacia el comunismo, como lo hizo Fidel Castro, que construyo el socialismo y lo consolidó. “Lo mismo va a ocurrir acá”, agregó.

Generalmente los candidatos olvidan lo prometido cuando confrontan la realidad. Por eso, todo lo dicho aún está por verse. Ojalá que el nuevo gobierno, rencontrándose con la realidad, abandone la estridencia y tome medidas que aseguren, no solamente satisfacer las necesidades de todos los ciudadanos, sino recuperar la cordura y abandonar las presiones populacheras. Este es un desafío que está planteado en la sociedad. A ello, hay que añadir lo realmente importante: atender la salud y la educación, y emprender un plan serio que resulte en un acelerado desarrollo. Pero aún no se reconoce en el nuevo gobierno del MAS una línea coherente para afrontar el reto del crecimiento económico.

Ahora todo está por verse. No sería extraño que el gobierno, tomando contacto con la realidad, tome medidas diferentes a las anunciadas en campaña electoral y asegure la paz y la seguridad de los ciudadanos. No es factible imponer una organización colectivista cuando se tiene una gran porción de los ciudadanos que buscan un modelo democrático, que respete los derechos ciudadanos y la propiedad privada, como motor del desarrollo e incentivo al progreso.

La perspectiva de imitar el modelo a la Cuba de los Castro, preocupa. Lo que el pueblo ansía –eso está demostrado- es libertad de pensamiento, de palabra y de abrazar el modelo político que prefiera. Eso en Cuba, por ahora, no existe.

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