Carlos Pablo Klinsky

Si algo distinguió a Santa Cruz en varios de los momentos claves de su historia, fue la capacidad para construir unidad en la diversidad, articulando visiones distintas, liderazgos, intereses, partidos e ideologías en torno a un proyecto común.

Sucedió así en las luchas por las regalías petroleras, en los movimientos por la autonomía municipal a mediados de los ´80 y por la autonomía departamental en la primera década de este siglo.

En todos estos ciclos, fue preponderante la conducción orgánica lograda por la institucionalidad cívica, con una creciente articulación con actores políticos a medida que se fue logrando la elección directa de autoridades regionales.

Pero esa coordinación nunca dio paso a la tentación de instrumentalizar lo cívico en función de lo político, una línea demarcatoria que debe seguir siendo respetada para preservar la facultad de unificar a la sociedad civil cruceña.

No perdamos el rumbo ni cedamos a la improvisación. Santa Cruz siempre ha priorizado lo institucional, incluso cuando se han dado liderazgos personales fuertes, enmarcándolos en ese proyecto común. No puede suceder a la inversa, con instituciones presionadas por el personalismo de dirigentes partidistas, a riesgo de perder una capacidad fundamental de articulación social.

Ya en el plano político-electoral, es evidente que la reciente experiencia de los comicios del 18 de octubre nos deja una lección que no hemos terminado de asimilar: ir separados a las urnas significa el regreso del populismo autoritario, y de repetirse el fenómeno en las elecciones autonómicas de marzo existe un alto riesgo de que alcaldías y gobernaciones también caigan en sus manos.

La fragmentación es la principal carta para los enemigos de la libertad y frente a ellos tendremos que construir de nuevo la unidad en la diversidad, la unidad razonada del pensamiento libre y no del fanatismo que nos lleva a las luchas internas, contra nosotros mismos.

Hay que volver a pensar en términos de proyecto, del rol que queremos jugar como región en lo nacional, como motor económico en la prosperidad, como sociedad de ciudadanos libres que saben encontrar la concordia dentro de la pluralidad.

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