Marcelo Ostria Trigo

El Tribunal Supremo Electoral ha reafirmado, luego de concluir el recuento de los votos de las elecciones del pasado 18 de octubre la victoria de los candidatos del Movimiento al Socialismo (MAS). No ha variado lo esperado, la tendencia y alza continuó en todas las etapas del escrutinio, en favor de Luis Arce Catacora y David Choquehuanca, candidatos presidenciales del MAS.

Una comprobación preocupante: El MAS ganó con mayor amplitud en la zona rural, y la oposición tuvo mejores resultados en las capitales de departamento, especialmente en las ciudades de La Paz y Santa Cruz. Esto muestra que en Bolivia hay una clara división entre el los ciudadanos del campo y de las ciudades, lo que no solamente muestra diferentes apoyos a los partidos, sino que impide la integración interna, provocando una sorda y constante disputa racial y geográfica.

El nuevo Gobierno que encabezará Luis Arce Catacora, si se propone alcanzar la paz social, tendrá una gran tarea de conciliación entre los ahora sectores antagónicos; tarea que no fue seguida por su antecesor, sino que buscó agudizar esa separación.

Hay un anuncio del presidente electo, de que se reanudarán las relaciones diplomáticas con los gobiernos de Cuba, Venezuela, Nicaragua e Irán. Establecer o restaurar relaciones con todos los países no es criticable, a menos que se fomente la injerencia extranjera en los asuntos internos de nuestro país. Y con los que integran el Grupo de Puebla, no hay garantía de que se respete ese principio internacional.

Por otra parte, es notorio que preocupe a la ciudadanía el anuncio de un impuesto confiscatorio a quienes tengan propiedades o empresas y negocios que se evalúen en más de 70.000 dólares americanos. Lo que parece justo, como redistribución equitativa de la riqueza, no lo es, ni contribuye a mejorar los niveles económicos de los ciudadanos y, menos aún a las empresas productivas. Eso tampoco contribuye a dinamizar la economía, ahora en aguda crisis.

Preocupan asimismo las señales de posibles paros, violencia y resistencia de grupos radicales. Parece que hubo irregularidades en el proceso electoral, pero la violencia no va solucionar esto. Lo que corresponde es que en estos tiempos difíciles haya ánimo de concertación. De lo contrario, no habrá paz duradera en el país.

Es natural que persista la desconfianza. Fueron casi 14 años en los que el régimen del MAS procuró aplastar toda disidencia y que, ahora, recupera el poder, hay natural desconfianza, además porque hubo corrupción, ineficiencia y autoritarismo y, en las elecciones del 20 de octubre de 2019, un ostensible fraude.

Superar conductas agresivas y buscar el entendimiento, corresponderá al nuevo Gobierno. Si no lo hace, el futuro se vería muy difícil, no solo para los nuevos mandatarios y su partido, sino para todo el pueblo.

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