Carlos Pablo Klinsky

Cuando se habla de renovación y de un nuevo ciclo en el Movimiento Al Socialismo, una maniobra de la bancada parlamentaria saliente de ese partido pone en entredicho el cambio, mostrando la persistencia de las viejas mañas antidemocráticas.

Entre apurones y tratando de evitar la discusión pública del tema, se modificaron 11 artículos del Reglamento de Debates del Senado y se impulsa lo mismo para la Cámara de Diputados. Artículos donde se sustituye la obligación de “2/3” por la de “mayoría absoluta” en asuntos clave para la institucionalidad del Estado y para la democracia interna del Parlamento.

Ya no se necesitarán 2/3 para, por ejemplo:

-Los ascensos a generales en las Fuerzas Armadas y en la Policía Nacional.
-Formación de comisiones especiales.
-Ratificar ministros en las mociones de censura.
-Nombramiento de embajadores.
-Determinar el orden del día.
-Tratamiento de leyes por tiempo y materia.
-Declarar suficiente discusión en diferentes temas.

Claramente, al eliminar los 2/3 respecto a los ascensos al generalato se abre la posibilidad de recaer en el manoseo institucional sufrido durante 14 años por las fuerzas militares y policiales.

La eliminación de la mayoría calificada para las comisiones especiales será una traba para que la oposición pueda fiscalizar e investigar al gobierno ante eventuales casos de corrupción.

Los ministros también quedarán blindados ante la fiscalización parlamentaria, el Servicio Exterior podrá ser utilizado como agencia de empleo para el partido de gobierno y desde el Palacio se determinarán los tiempos del proceso legislativo, donde ni siquiera se podrá profundizar en el debate de los proyectos.

La maniobra de eliminar los 2/3 en el Reglamento de Debates se parece demasiado a la realizada hace más de una década en la Asamblea Constituyente, lo que nos lleva a preguntar si Álvaro García Linera habrá vuelto a diseñar las estrategias del masismo.

Lo peor de todo es que, con estos procedimientos antidemocráticos, se tiende a minimizar a esa otra mitad del electorado que no votó por el Movimiento Al Socialismo y que ahora quedará reducida en la práctica parlamentaria a un poder equivalente a menos de 1/3 de la Asamblea Legislativa.

Es una jugada irresponsable que alienta la división entre los bolivianos.

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