Emilio Martínez Cardona

Resultado. Más allá de errores en las ingenierías electorales opositoras, que también incidieron en la derrota, el resultado del domingo pasado en Bolivia pone de manifiesto un problema mucho más profundo: la incomprensión sobre la composición social real del país, que limita los proyectos políticos de centroderecha a la ciudadanía que vive de la economía formal, que podríamos catalogar como clase media tradicional.

Empresariado popular. Mientras no se genere un nuevo proyecto político, capaz de incorporar plenamente a los emprendedores de origen popular que lideran ese 70% informal de la economía boliviana (llámese nueva clase media, burguesía chola o cunumi), el Movimiento Al Socialismo puede seguir ganando elecciones.

Cuatro economías. Enseña el teórico del agorismo, Samuel Konkin, que la economía puede en realidad subdividirse en cuatro: blanca (legal), gris (combinando prácticas formales e informales), negra (extralegal pero no basada en delitos de daño a terceros) y roja (actividades del crimen organizado). La habilidad del Cártel del Chapare radicó en hegemonizar, desde la economía roja, a la negra y la gris, mientras que los representantes de la economía blanca o formal no tuvieron la capacidad de tender puentes suficientes hacia la gris y porciones de la economía negra.

Prácticas de mercado, chip socialista. Todo esto ha generado la paradoja de que este empresariado popular, con evidentes prácticas de economía de mercado, se asocia en sindicatos que tienen la imagen del Che Guevara en su logo y que votan (contranatura) por un proyecto socialista que suele extorsionarlos.

Descriminalizar. Debe dejar de pensarse en esta economía extralegal como criminal. Se trata de ciudadanos que fueron expulsados de la formalidad por un Estado sobrerregulador.

El misterio del capital. En el libro de ese título, el economista peruano Hernando de Soto señala que “en Asia, África, el Medio Oriente y América Latina, la mayoría de los pobres ya posee los activos que precisa para hacer del capitalismo un éxito. Hasta en los países menos desarrollados, los pobres ahorran. El volumen juntado por los pobres es inmenso: 40 veces toda la ayuda exterior del mundo desde 1945. (…) Pero se trata de una posesión defectuosa: las casas de los pobres están construidas sobre lotes con derechos de propiedad inadecuadamente definidos, sus empresas no están constituidas con obligaciones claras y sus industrias se ocultan donde los financistas e inversionistas no pueden verlas. Sin derechos adecuadamente documentados, estas posesiones resultan activos difíciles de convertir en capital, no pueden ser comercializados fuera de los estrechos círculos locales donde la gente se tiene confianza mutua, no sirven como garantía para un préstamo ni como participación en una inversión”.

Derecho natural. Para corregir esa posesión defectuosa en Bolivia, para reconocer ese Capital Popular, tiene que empezarse por subrayar que la propiedad es un derecho natural, reconociendo jurídicamente los derechos adquiridos. Líneas de buses que hacen su recorrido desde hace treinta años, pero no tienen una concesión pública de largo plazo, y cooperativistas mineros que explotan vetas de larga data, pero están sujetos a autorizaciones temporales y precarias de la burocracia, son algunos de los casos de estudio.

Lo liberal y lo popular. En suma, se trata de entroncar lo liberal y lo popular, fortaleciendo derechos de propiedad en círculos sociales periféricos. En Perú, Hernando de Soto ya anuncia su candidatura presidencial, mientras que en Argentina surgen varias alternativas liberales de cara a las elecciones legislativas del año próximo, incluyendo a un neomenemismo “popular-capitalista”. ¿Qué haremos al respecto en Bolivia?

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