Emilio Martínez Cardona

En esta versión de la fábula, el postulante tortuga no espera en una hamaca sino en un sillón Luis XV mientras se desarrolla la carrera electoral, repitiendo el mantra del “voto útil” como único recurso. Pero si el candidato de la comodidad aspira a conquistar votos en el estratégico electorado de Santa Cruz, tendrá que hacer algo más.

Aquí van tres consejos de un conejo, hipercrítico hacia el postulante pero realista sobre las prioridades de la defensa democrática. Más allá de lo estrictamente electoral, estos puntos también tienen que ver con la posibilidad de darle calidad a una eventual gestión gubernamental.

1. Adoptar el Pacto Fiscal propuesto por Santa Cruz.

El postulante tortuga tendrá que desprenderse del estigma de centralista que se ganó a pulso y esto requiere, además de una autocrítica creíble, un compromiso claro con la redistribución de recursos hacia las regiones, con nuevos avances hacia el modelo de Estado autonómico. Y esto pasa por el mecanismo presupuestal de 50/50 planteado desde la Gobernación cruceña.

2. Bajarle el volumen a su entorno de economistas keynesianos.

Avergonzarse de la autodefinición socialista y buscar una nueva etiqueta como “liberal de centroizquierda” ya es un pequeño avance, por graciosa que resulte la maniobra. Ahora tendrá que ir pasando del make up a la conversión real, poniéndole coto a su círculo de asesores keynesianos y empezando a escuchar a los economistas vinculados al pensamiento de la libertad.

3. Guardar neutralidad sobre las elecciones norteamericanas.

El candidato tendrá que archivar su “antitrumpismo” y guardar estricta neutralidad, toda vez que las elecciones en el país del norte pueden decantarse hacia cualquiera de los dos postulantes. Y aunque el dato no le guste, lo cierto es que una hipotética administración de Joe Biden vendría “preñada” de socialismo de la mano de los Sanders y Ocasio-Cortez, amigos de la dictadura cubana, de Nicolás Maduro y de Evo Morales.

Ser parte del coro “antitrumpista” que se opuso a la elección del cubanoamericano Mauricio Claver-Carone en el BID fue un gran error, teniendo en cuenta que desde el organismo financiero puede apalancarse una corriente importante de Inversión Extranjera Directa (IED) hacia Bolivia, en el marco de ese “regreso a las Américas” del que hablamos en un artículo anterior.

La lista de consejos podría alargarse por varios párrafos más (archivar la agenda relacionada a las nuevas coerciones del marxismo cultural sería otro de los puntos fundamentales), pero los anteriores ya suponen una vara lo suficientemente alta.

Por supuesto, sería una sorpresa que el postulante tortuga adopte algunos de estos puntos, pero corresponde plantearlos si se quiere buscar una unidad que sea algo más que un mero chantaje estadístico.

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