Marcelo Ostria Trigo

En América Latina hubo injerencias para imponer gobiernos. Aún es el distintivo del castrismo, que no solo intervino políticamente en los asuntos internos de otros estados, sino que organizó sangrientas guerrillas para capturar el poder. También fue una constante del régimen de Hugo Chávez y de su sucesor. La Embajada de Venezuela en Bolivia, en 2005, hacía abierta propaganda a favor de la candidatura de Evo Morales, avalado por el Foro de San Pablo.

Actualmente hay un nuevo estilo para seguir interviniendo, igualmente desembozado e ilegal, ideado por el Grupo de Puebla. Un seguidor de esa corriente es el actual Gobierno argentino, cuyo presidente, Alberto Fernández, ha asumido el papel de protector de Evo Morales y de propagandista del partido desplazado del poder en Bolivia. Fernández, con malintencionada insistencia –compartida por otros populistas en el continente– insiste en que el Gobierno de transición de Bolivia ascendió al poder por un golpe de Estado. Y no faltan los que repiten esa majadería.

El canciller argentino, con un lenguaje impropio de su investidura, también fue agresivo y falaz en recientes declaraciones; parecía tratarse de las incongruencias de su socio político, Maduro.

Ciertamente hay otras causas para la mala actitud del Gobierno argentino. El escritor Jorge Fernández Díaz, en un artículo reproducido por Correo de los Viernes el 11.09.2020, dice: “… la poco digna actitud oficial argentina de afirmar lo falso, es resultado de la catástrofe económica que vive la Argentina ante la protesta ciudadana”. “Los peronistas pragmáticos prometían, off the record, ser los soldados que sosegarían a la arquitecta egipcia (Cristina de Kirchner); hoy se van transformando uno a uno en sus sicarios a la carta. Y aun así no la conforman; no solo porque no confía en ellos, sino por algo mucho más evidente: la gestión destaca por una alarmante grisura. Su plan de seguridad consistió en excarcelar a 2.000 delincuentes peligrosos, permitirles asaltar y matar, y que los narcos se apoderen de las villas…”. “La cosecha de errores y desgracias, una combinación letal entre pandemia y negligencia, obliga al cuarto Gobierno kirchnerista a buscar todo el tiempo chivos expiatorios. Ellos son la patria y las personas de bien…”. Por todo esto, Mario Vargas Llosa afirmó que “el triunfo (electoral) de Alberto Fernández fue una tragedia para Argentina”; el país que lo tenía todo para ser admirado: progreso y firmeza de sus instituciones.

Ahora, uno de los chivos expiatorios para los Fernández argentinos en el poder, resulta ser el Gobierno de transición de Bolivia. ¡Faltaba más…! Esto es inadmisible!

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