Emilio Martínez Cardona

El lobby mediático del chavismo en Estados Unidos ataca de nuevo. Esta vez para tratar de instalar la falacia de que el caso de violación de menores contra Evo Morales es una persecución gubernamental, aunque para llegar al punto realiza primero una serie de rodeos alegando la existencia en Bolivia de una “brutal dictadura de derecha”.

La nota en cuestión, autoría del sociólogo Gabriel Hetland, fue publicada por The Washington Post, bajo el extenuante título de “Si se restablece la democracia en Bolivia, agradezca a los manifestantes y no a Estados Unidos ni a la OEA”. Texto donde se incurre en omisiones deliberadas, flagrantes distorsiones y simples ficciones ideológicas, algunas de las cuales voy a enumerar.

Para empezar, Hetland intenta sostener su afirmación temeraria sobre el “autoritarismo” del gobierno democrático señalando que “los abusos están documentados en recientes informes” de organizaciones de derechos humanos, como Amnistía Internacional (AI). El autor no da más detalles, quizás ante la necesidad de obviar que el reporte más reciente de AI sobre Bolivia, “Para sanar la pandemia de la inmunidad”, pone seriamente en tela de juicio la actuación del régimen de Evo Morales en las jornadas de octubre y noviembre del año pasado, evidenciando que convocó al enfrentamiento civil y movilizó milicias armadas en un intento por sostener su manipulación de los comicios.

“El expresidente Morales y sectores afines a él emitieron declaraciones que contenían llamados a ejercer acciones violentas y amenazas de cercar ciudades si los paros continuaban”, añade el informe, que además detalla los ataques sufridos por defensores de los derechos humanos que sostenían una postura crítica hacia el régimen evista, como Waldo Albarracín, a las periodistas Casimira Lema y Ximena Galarza, y al informático Edgar Villegas, uno de los principales denunciantes del fraude electoral.

En otro pasaje, el artículo de Hetland asegura que “Jeanine Añez ha pospuesto las elecciones. Dos veces”, haciendo ver como si el Órgano Electoral obedeciera a algún diktat presidencial y ocultando el hecho de que casi todos los magistrados del TSE fueron designados con el voto de la mayoría calificada de 2/3 que el partido de Morales, el Movimiento Al Socialismo, aún mantiene en la Asamblea Legislativa Plurinacional.

Repite luego los lugares comunes del guión chavista sobre un supuesto sesgo en el informe del sistema interamericano acerca del fraude, ya ampliamente contestados desde la Organización de Estados Americanos con el respaldo de la Unión Europea.

“Los servidores ocultos, la falta de cadena de custodia, la falsificación de actas o inconsistencias inexplicables en el número de votos emitidos, sólo por nombrar algunos de los hallazgos, no deberían ser ignorados por ningún especialista en integridad electoral”, dijo en su momento Gonzalo Koncke, jefe de gabinete de la Secretaría General de la OEA, ante los “estudios” promocionados por el lobby de los socialistas del siglo XXI.

Ya hacia el final de su texto, Hetland deja caer como al pasar que “los bolivianos no están fuera de peligro” por las denuncias penales del Ministerio de Justicia contra Evo Morales en el caso pedofilia, dejando entrever el verdadero centro y propósito de un artículo deshonesto.

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