Marcelo Ostria Trigo

La pandemia del coronavirus dejará muchas consecuencias y enseñanzas, no solamente sobre el tratamiento de este mal o el descubrimiento de eficaces vacunas, sino también sobre los inevitables cambios en muchos sentidos en un mundo expectante. En unos casos, será para bien y, en otros, con recurrentes peligros, como una nueva guerra fría, quizá tan amenazante como la que enfrentó a los países del Pacto de Varsovia con los de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Ciertamente no se trata de comparar la situación actual con un peligroso momento del pasado: la crisis de los misiles soviéticos estacionados en Cuba. En verdad, también ahora hay amenazas que no solamente se manifiestan en las tensiones crecientes entre Estados Unidos y China continental –Rusia también por su lado–, que tiene varios elementos que crean la actual pugna: el comercio desequilibrado, la pandemia del coronavirus que empezó en China, la nueva actitud de Pekín que desconoce el pacto sobre Hong Kong: “Una nación dos sistemas” y que provocó reacciones negativas en los países de la Unión Europea. Además: las recurrentes amenazas de Corea del Norte, empeñada en el armamentismo nuclear, y la permanente tensión en torno a Taiwán regido por un gobierno democrático y un con un sostenido avance económico,

En el Lejano Oriente hay viejas controversias que causan enfrentamientos recurrentes, como el reciente en la frontera de China e India que, con Pakistán, son las tres naciones asiáticas que poseen armamento nuclear. A esto se añade la permanente tensión en el Medio Oriente, con actores, como Irán, que con otros grupos armados, se empeña en destruir un país independiente y democrático: Israel, lo que también aviva la tensión con Estados Unidos y con los miembros de la Unión Europea.

A esto se añade que no es probable que, al fin de la pandemia, vaya a cambiar la actitud antidemocrática de Cuba, Venezuela y Nicaragua, ni los aprestos violentos del populismo depredador en Bolivia por recuperar, a cualquier costo, el poder, contando con el apoyo desembozado del Grupo de Puebla y del kirchnerismo en la Argentina.

Para América Latina, una respuesta puede estar en el anuncio del propósito del gobierno de Estados Unidos de impulsar la transferencia de sus industrias, actualmente radicadas en Asia, a nuestra región, como lo adelantó a la agencia EFE, Mauricio Claver-Carone, Asesor de Seguridad Nacional para América Latina de la Casa Blanca y candidato a la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Se trata de un plan de «regreso a las Américas», dijo.

Una actitud, como ésta, puede unir al continente y contribuir, como bloque, a que el mundo sea menos peligroso y más solidario. Esa es la actitud que debe predominar, en lugar de pugnas expansionistas o amenazas y acciones de fuerza. Trabajar por la paz y el progreso, aunque parezca ingenuo decirlo, sería lo que salve a la humanidad.

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