Ovidio Roca

Por algún motivo no logramos entender, ni asumir, que la democracia es mucho más que elecciones y que ésta es en esencia un mecanismo de convivencia ciudadana; de libertad, competencia, de pesos y contrapesos, de equilibrios y controles cruzados. Que la democracia, aun con elecciones formales, pierde su esencia cuando un partido político utilizando sus dos tercios en el Parlamento, captura el poder total del país y luego rápidamente se apodera del resto del aparato del Estado, convirtiéndola de facto en una perfecta Dictadura populista.

En el mundo occidental existen varios sistemas legales, el Common law, el Civil Law y el Evo law; cada uno con sus peculiares características y generando distintos resultados para la vida en sociedad.

En una parte de Europa y Latinoamérica se aplica el Civil law, cuyo origen está en el derecho romano. Un sistema de leyes redactadas y codificadas por los políticos, consagrando los derechos y responsabilidades básicas de cada uno de los ciudadanos.

A su vez, en el mundo anglosajón funciona el Common law, un sistema legal basado, primordialmente en las decisiones adoptadas por los tribunales. Su origen es la tradición “Remedies precede rights”, que podría traducirse como “la acción crea el derecho” y se refiere a que son las acciones o los procedimientos judiciales interpuestos ante los tribunales, los que dan pie a las decisiones de los jueces, lo que a su vez crean la jurisprudencia, el Derecho.

En un caso se utilizan papeles escritos, en otro el sentido común y en el tercero, el Evo law que se aplica en nuestro país y de gran sentido práctico, funciona bajo el principio masista: “yo le meto nomas que después arreglen los abogados”.

El inventor del Evo law, es el líder icónico del MAS y puesto allí por el Castrochavismo por su relevante actividad económica cocalera y su cara de indígena. Este dirigente cocalero, asumió la Presidencia y luego de su último fraude electoral buscando repostularse por cuarta vez, encontró rechazos, se asustó y salió huyendo del país. Lo hizo al conocer el informe de Almagro y según dicen tembló de pavor al oír el apellido, le habían contado antes en Orinoca, que Almagro y Pizarro fueron quienes conquistaron el Imperio Incaico y dominaron a los indígenas y que ahora estaba viniendo desde Chile.

Desde su exilio dorado en Buenos Aires, alojado en uno de los chalets de su comadre Kristina, tiene controlado el Estado boliviano; una parte del Ejecutivo y bajo sus absolutas órdenes, el Poder legislativo y Judicial. Tiene secuestrada la ley y la justicia; controla y manipula al Ejecutivo y usando el Parlamento les bloquea los recursos económicos, tanto los propios del Estado, como el acceso a los créditos internacionales.

Continuamos viviendo una distopía cocalera, en un mundo de historias y cuentos fantásticos, donde los buenos son los populistas cocaleros y el resto son los malos; los reaccionarios, siervos al imperio gringo; cínicos y enemigos del pueblo, de los pobres, de los indígenas, de los movimientos sociales y especialmente (esto es lo peor y peligroso): de los ricos narcotraficantes socios de los Gobiernos de Venezuela y Cuba.

En Bolivia y especialmente durante el populismo, además de sembrar coca se preocuparon del régimen legal y escribieron leyes a montones para beneficio del Jefe y los dirigentes, y también para que algunos hermanos y hermanas se diviertan, violándolas y utilizando para destruir a los opositores.

En nuestro régimen legal, para nada se usa el sentido común y menos el aprendizaje fruto de la experiencia histórica de años de éxitos y fracasos, que nos enseña a entender mejor la vida y sus avatares. Se insiste en los papeles, en las leyes, aunque todos sabemos que en estas circunstancias, si no eres masista, no sirven para nada pues los jurisconsultos y jurisperitos la aplican a gusto y placer, solo por órdenes del partido y por unos buenos paquetes de verdes.

Todos los días escuchamos y leemos en los medios, a políticos y analistas discutiendo sobre artículos e incisos y temática socioeconómica y viral; discusiones que no aterrizan sobre realidades y soluciones. Sobre el que hacer, hechos y acciones concretas para solucionar los problemas que afectan la vida, la salud y el futuro de las personas.

En estas charlas mediáticas, no les preocupa el analizar la vida de la gente de carne y hueso, ni proponer soluciones para mejorar el trabajo, la seguridad y bienestar de la población. Al parecer poco interesa la realidad, la verdad y la justicia, pues es más atractivo el cuento, el chisme y las historietas; siempre que no sean las historias de Almagro; el de antes y el de ahora, pues el Evo se asusta.

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