Jorge Nelson Pacheco Rodríguez*

De viernes a domingo Samaipata aparenta como si estuviese normal todo. Después del mediodía del viernes llega gente de Santa Cruz de la Sierra, en vehículos propios, ya con cabañas alquiladas desde la ciudad capital.

Algunos hoteles también ya han empezado a recibir huéspedes, aunque lo hacen a puertas cerradas. Darse una vuelta por la plaza es encontrarse a familias, parejas o grupos de amigos, con total irresponsabilidad, falta de empatía y solidaridad con el prójimo. Se van de huida de la ciudad pero exponen al contagio a la población local. Hay un control de ingreso al pueblo, pero con unos quintos por debajo se hacen de la vista gorda.

Estas personas han estado haciendo recorridos por los pocos atractivos turísticos que tienen acceso sin control. Algunos actúan con prepotencia y altanería, porque no en todos los sitios atienden sus demandas. Las autoridades se hacen de la vista gorda y son cómplices de esta situación. El mismo alcalde ya lo manifestó que desea que Samaipata pueda recibir turistas lo antes posible.

El impacto es notorio, dejan su basura en sitios como La Pajcha (fuente de agua), tienen en vilo al samaipateño por el riesgo latente que la permanencia de extraños provoca.

Sabemos muy bien la necesidad de poblaciones que dependen de la economía que genera el turismo pero no podemos ser tan irresponsables de permitir el tránsito de turistas cuando la situación de la pandemia está lejos de ser controlada y cuando no existen los permisos y las condiciones adecuadas de bioseguridad.

El libre tránsito de truffis y de vehículos particulares desde y hacia Samaipata ha incrementado el flujo de personas que llegan hasta esa población. No se tiene datos de incidencia de covid por esta situación.

Para el 6 de agosto, hay varias reservas de hospedaje ya hechas. El descontrol está a la vista y la situación tiende a empeorar si no se pone freno.

*Operador turístico

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