Marcelo Ostria Trigo

Varios personajes prominentes en diversos países se han contagiado con el coronavirus. Está visto que una pandemia no reconoce jerarquías, mientras ahora, en el mundo, hay un acelerado crecimiento de personas contagiadas, especialmente en países, como el nuestro, que sufre carencias por el pasado abandono de la atención de la salud.

Es natural que algunos sientan en carne propia lo que es el sufrimiento de tantos contagiados, lo que también afecta la normalidad institucional. Y es aún peor si se toman en cuenta que aprovechando esta emergencia haya intentos extremistas de soliviantar a la población contra enemigos imaginarios.

En nuestro caso, con el contagio del coronavirus de la primera mandataria, nace la esperanza masista de que, si hay un impedimento duradero, por sucesión, asumiría el mando de la Nación la actual presidente del Senado. Así se cumplirían designios espurios. Está visto que esta pandemia es aprovechada para maniobras partidarias, es decir para intentar aprestos políticos poco sensatos, con afanes de revancha.

Es cierto que un mal generalizado causa angustia. Lo que se debería esperar en estas circunstancias es la unidad de los ciudadanos, en lugar de buscar enfrentamientos y cebarse en el infortunio. Esto es indigno, especialmente, cuando se intenta que sea usado con propósitos políticos. Pero, se escucha decir que, reconociendo que las elecciones convocadas precipitadamente en plena pandemia, causarían más contagiados y muertos, el partido de quien esto afirma, asumirá ese precio, es decir la vida de los bolivianos, para entronizar a su caudillo del que ya se sabe que cree: “Après moi, le déluge” (Después de mí, el diluvio), lo que caracteriza a los mandones.

Claro que se han presentado otras maniobras, además de los aprestos masistas. Un candidato presidencial, que fue partidario de la prematura e insensata convocatoria electoral, ante la crítica generalizada, se atreve a oponerse a lo que él mismo propició. Cosas de la política malsana y de los que creen que les es permitida cualquier ida y venida poco digna.

Las elecciones constituyen uno de los elementos esenciales de la democracia. Así lo han reconocido todos los países del continente –menos Cuba– con la suscripción de la Carta Democrática Interamericana que establece que “la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos…” (Art. 3).

En las condiciones que propicia el MAS y sus ocultos favorecedores, no se daría cumplimento a esta regla. Su actual prédica es hacia el desastre.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here