Marcelo Ostria Trigo

El mundo sufre lo que para muchos, es el más grande desafío que enfrenta la humanidad: la pandemia del coronavirus. Pero también hay otras preocupaciones. En efecto, en este tiempo de un mundo multipolar emergieron otros actores principales en la política mundial: La República Popular China, que venía creciendo aceleradamente económica y tecnológicamente; Japón, como potencia industrial, una ha consolidada Unión Europea, y la emergente India –el segundo país más poblado del mundo- que, junto a China y Pakistán, son los países asiáticos que cuentan con armas nucleares.

Hay una controversia pendiente por un territorio fronterizo no demarcado, entre China y la India que se enfrentaron en una corta guerra limitada en 1962 sin que, al final, hayan resuelto el diferendo fronterizo. En este difícil momento, parecía que ni la India ni China deseaban un nuevo enfrentamiento precisamente en este tiempo de una grave pandemia. Por otra parte, como lo señala Macarena Vidal Liy de AFP, desde Pekín (El País, Madrid, 25.06.2020) “China tiene muchos otros frentes diplomáticos abiertos, y la India es muy consciente de la asimetría de poderío militar entre ambos”. Sin embargo, el 15 de junio de este año, en uno de los puntos fronterizos en disputa, se produjo un grave enfrentamiento armado entre militares de ambos países, resultando muertos 20 soldados indios y un número no revelado de efectivos chinos.

Esto cambia la situación en el Lejano Oriente. Pese a que hay esfuerzos mutuos para evitar una escalada militar, es probable que se inicie “una nueva fase de la relación entre India y China, una más contenciosa, especialmente dado el aumento del sentimiento nacionalista en ambas”. (Nota de la consultora Eurasia Group, citada por Macarena Vidal Liy).

No sería sorpresivo que este enfrentamiento impulse un cambio importante en las relaciones entre India y China. Distanciadas entre ellas, es probable un acercamiento de Nueva Delhi a Estados Unidos, que está en una tensa relación con China por diferendos en comercio, por el avasallamiento de Pekín a Hong Kong abandonando lo acordado: «Un país, dos sistemas: Hong Kong y la República Popular China», y por las acusaciones recíprocas, de una parte, porque el coronavirus habría sido creado en un laboratorio chino y, del otro lado, la acusación de que el virus fue introducido a China por agentes estadounidenses.

Lo sucedido y sus secuelas y los probables cambios de actitud política, mostrarían que la humanidad no repara en el infortunio del presente, para evitar la violencia. Por ello, si se cumplen algunos pronósticos terribles tras la pandemia, se podría decir: “Sobre llovido mojado”.

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