Marcelo Ostria Trigo

Este último tiempo, los medios de comunicación en todo el mundo publican reiteradamente noticias, opiniones de expertos y estudios sobre la pandemia del coronavirus y sobre lo que aún tenemos que esperar. Esto es preocupante, más aún, si se sabe que hay países, como Bolivia, que no cuentan con sistemas de atención de salud medianamente eficientes.

El número de personas contagiadas y fallecidas se acelera. Y no parece que esta tendencia pueda ser revertida en un plazo predecible. Mientras tanto, en este ambiente de incertidumbre y preocupación, en nuestro país hay sectores que añoran los catorce años pasados de desenfreno y corrupción. El resultado fue el aumento de las tensiones por amenazas de protestas violentas para imponer la pronta celebración de elecciones –que ya se convocaron-, lo que ocasionará más contagios masivos y un elevado porcentaje de fallecidos, lo que no solo es una inconducta política, sino una verdadera afrenta a los ciudadanos.

Los pasados ultimatos en demanda de elecciones prontas amenazando con actos de violencia, se dieron porque los agresivos de hoy cuentan con un Parlamento y una administración de justicia aún en sus manos y, por ello, no temen apartarse de la ley.

Con este clima de tensiones, de amenazas, insultos y falsas aseveraciones (como culpar a otros por el derribo de postes en el trópico) no se cumple una regla no escrita, pero esencial, para la convivencia pacífica: el respeto debe ser mutuo y convergente entre gobernantes y gobernados, entre oposición y gobierno. Esto no significa, por cierto, abandonar convicciones, por equivocadas que nos parezcan. Lo que sí es intolerable es que los populistas anuncien violencia, atropellos, corrupción y ausencia de democracia, como sucede en Venezuela, Nicaragua y, por supuesto, en Cuba.

Los que exigían a toda costa prontas elecciones, dicen que asumirán responsabilidad por los contagiados y fallecidos en esas circunstancias, lo que significa que están dispuestos a violar el derecho a la salud y a la vida.

Todo lo anterior muestra la posibilidad de un futuro preocupante. Por un lado, el constante crecimiento de contagiados y muertos por la pandemia del coronavirus y, por otro, las amenazas de violencia de quienes se empeñan en recuperar el poder perdido.

Ninguna tendencia política es perfecta, como no lo es cualquier obra humana. Lo censurable es que los partidarios de la violencia no anuncian ningún propósito de ofrecer una alternativa de libertad, paz y progreso; es decir, una verdadera intención de enmienda. Es inaceptable el empeño es retornar a la época de la corrupción, del mal manejo de la hacienda pública y de la vulneración de los derechos democráticos de los bolivianos.

En definitiva: elecciones sí, pero en tiempo oportuno, con responsabilidad y honestidad.

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