Ovidio Roca

“Si no conoces ni al enemigo ni a ti mismo, sucumbirás en cada batalla”.
Sun Tzu

Al inicio de la Revolución Francesa de 1789, se reunían en la Asamblea Nacional tanto las fuerzas defensoras del Antiguo Régimen, las que se sentaron a la derecha del Trono; como las que deseaban subvertirlo y que se sentaban a su izquierda y de aquí surgen estos términos que señalaban una localización física. Actualmente los términos de izquierda y derecha pueden significar cualquier cosa y no definen nada; solo expresan y califican lo que el interés del que los usa quiere significar.

En los hechos y en la vida diaria: la derecha es elitista, capitalista, egoísta, cada cual hace sus negocios y se busca la vida. La izquierda es popular, comunista, el Estado y el partido cuida de la gente y administra su vida.

En los tradicionales y repetidos discursos: la derecha apela al interés de la gente, a la racionalidad, la lógica, la cordura y sensatez; mientras la izquierda lo hace al sentimiento, la pasión, amor, odio y frustración; por esto es más efectiva, convence a las personas y prevalece.

Aunque el modelo socialista, totalitario y estatista, nunca dio buenos resultados para la población en los países donde se aplicó y más por lo contrario generó miseria y explotación; su discurso es el que tiene mejor llegada a la gente. Los demagogos populistas son tan hábiles y creativos con sus cuentos, que convencen a la población de que esta vez y con ellos como dirigentes, la utopía va a funcionar. El resultado como siempre: distopía. Ricardo Arjona canta el gran éxito: “Una mentira que te haga feliz vale más que una verdad que te amargue la vida”.

Luego del fracaso del comunismo en la Unión Soviética surge en Latinoamérica el Castrochavismo y los comunistas ahora devenidos en populistas y reunidos en el Foro de San Pablo, modifican su estrategia de toma del poder, se olvidan de la lucha revolucionaria y de acabar con la democracia y más bien la usan. Utilizando el formalismo electoral y las buenas trampas, arman en nombre de la Democracia un gigantesco aparato burocrático y asistencialista, el que sin destruirla plenamente, la expolia y la devora. Como resultado la dirigencia populista encumbrada en el Gobierno, vive con riqueza y a sus anchas mientras las masas, ya menos ilusionadas, subsisten con algunos bonos y prebendas. Aunque estas masas apenas pueden sobrevivir y en servidumbre con las migajas que reciben, aquejadas por el Síndrome de Estocolmo desarrollan una relación de complicidad, amor y odio con su secuestrador.

En el nivel internacional las potencias del Comunismo Siglo XXI, especialmente Rusia, China e Irán se adaptaron a las circunstancias, pero no pierden su intención geopolítica de montar un esquema que les permita derrotar al Imperialismo Capitalista y dominar el mundo. Ellos necesitan de territorio, materias primas y siervos y para lograrlo tienen a su servicio los comunistas; ahora populistas.

Estos grupos comunistas a la caída de la Unión Soviética y para sobrevivir cambiaron el nombre de sus organizaciones: La Internacional Socialista mutó en el Foro de San Pablo, luego al Grupo de Puebla y últimamente a la Internacional Progresista, o Progre.

Los diversos movimientos populistas se caracterizan por su habilidad de imaginar y vender utopías, de apelar a los sentimientos e ilusiones de las personas, de engañar y mentirle a la población. Este don de la izquierda populista y su habilidad camaleónica para irse adaptando a los tiempos, les permite ir avanzando e inventando nuevos eslogan y nuevas promesas y todo con el fin exclusivo de conquistar la masa y utilizarla para apoderarse del gobierno y las arcas públicas.

El masivo uso de Fake News y la publicidad más la invención de nuevos paraísos, son instancias útiles que utilizan las nuevas generaciones políticas para la venta de utopías y también para el lavado de su mala imagen dado sus reiterados fracasos. No olvidemos que el pasado es manipulado por las ideologías y el presente por las cronologías.

En este juego geopolítico internacional, los regímenes comunistas y populistas tienen una ventaja adicional, ellos manejan sus propias reglas y desconocen totalmente las de sus oponentes, la sociedad democrática. De esta manera, mientras los gobiernos e instituciones democráticas en el ámbito internacional juegan con reglas claras, de respeto institucional y las acatan, los populistas están felices pues las desconocen, las cambian, las incumplen y entre tanto están ganando tiempo para su proyecto de dominar el mundo.

Decía Mark Twain que: “es mucho más fácil engañar a los hombres, que convencerles de que han sido engañados”. Y aquí está el verdadero dilema y problema: a la gente le gusta que le mientan y odian que le digan la verdad.

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