Carlos Federico Valverde B.

León Gieco y Pato Fontanet escribieron: “En un país de heridas, donde nunca se las cierra, dormimos todos juntos sobre penas nuevas”. Y creo que esas partes sueltas de la estrofa de Un Minuto (nombre de la canción), sirven para intentar poner en letras la desazón que uno siente al ver lo que pasa en este país.

Un país que no cierra sus heridas, porque el masismo vuelve a sus huellas anárquicas y violentas del tiempo previo a su triunfo del 2005, cuando la democracia era sólo un medio para hacerse del poder y, como entonces, van avanzando desde el lío local, pequeño pasando por la desobediencia, la turba y el bloqueo de caminos, reclamando primero por hambre, como si los bloqueos no fueran parte de la estrategia de generar hambre (recordemos la instrucción de Morales en el audio de bloquear para que no pase alimento a las ciudades); después y siempre la negación del COVID y, finalmente, esta especie de foquismo político insurreccional de baja intensidad al destruir comisarías policiales en los pueblos donde ellos son mayoría, apoyados disimuladamente por sus alcaldes que, “dizque” negocian ablandamiento de la cuarentena o lo que haya sido reclamado, para llegar al objetivo: elecciones en corto plazo, no porque vayan a ganar sino para mantener presencia parlamentaria que les permita negociar la defensa a sus huidos.

Reitero lo que vengo diciendo: si hay elecciones ya, el MAS retira sus demandas “de hambre y salud”.

Y dormimos todos juntos sobre penas viejas. Aunque las caras son nuevas, las penas son viejas, como la inconducta de los colaboradores cercanos a la presidenta, que no actúa como debe y los aparta de su lado, como la directora de Gestión Social (su hija) y el ministro de Presidencia ni más ni menos con el uso de aviones y los vuelos que en plena cuarentena rígida se fueron al Beni desde Santa Cruz, desde Sucre, desde donde haya sido y no pasó nada y la gente de más abajo sintió y siente que si los de arriba pueden, por qué ellos no y ahora esto es cualquier cosa y no se siente que haya gobierno.

Que eso pase en Bolivia no es raro, pero no deja de ser reprochable: ni la violencia sostenida del MAS ni el abuso del funcionario o los amigos, con bienes del Estado, pero como nunca estas cosas vienen solas, si lo anotado fuera poco, en la “oportunidad” de combatir los efectos del Covid-19, alguien (o “alguienes”) sintieron que podían salir de pobres y, aprovechando la urgencia, idearon y llevaron a cabo en sólo 4 días (lo asegura la AISEM) uno de los más ruines actos de corrupción que se hayan visto en los últimos años, no por el monto, porque en el anterior gobierno se vieron montos 10 veces mayores, sino por la situación del país. La compra de los respiradores “auxiliares”, desfasados en sus softwares, no 100% aptos para lo que se pretendía de ellos (auxiliar hasta llegar a la UTI) y con sobreprecio; es lo más ruin porque se hizo sobre cadáveres y gente que padece del mal. Ya hay detenidos, hay investigaciones, es de esperarse que termine bien, con plata devuelta y responsabilidades

… La vida dibujó una sonrisa en mi cara. Y en un minuto triste la borró como si nada.

La desigual pelea contra el Covid-19 no venía mal, las encuestas daban buenos números a la candidatura presidencial y la tentación hizo que las entregas de medicamentos y equipos por parte de la presidenta vuelvan a ser casi actos de campaña… la vida dibujaba una sonrisa y en un minuto la borró como si nada… la corrupción con los “respiradores” se respalda en lo peor de las acciones de Gobierno de Morales: los decretos y compras por excepción. Oscar Ortiz (hoy ministro) hizo un trabajo importante de más de 100 decretos y leyes en ese sentido, en 2019. Pues este gobierno que había sido crítico a la corrupción anterior a los decretos y leyes que eximen trámites burocráticos, usó los mismos instrumentos y, claro, alguno tenía que repetirlos completos, con corrupción incluida. Y ahora la presidenta está en problemas porque, como vengo diciendo públicamente desde el lunes pasado, no se juega la Presidencia (de irse, llega Copa con el aparato masista y el TSE cercano), sino que es su candidatura la que está en entredicho porque si esto no se arregla, si no asume posición de mandataria, si no aparta a quienes debe apartar, si no muestra mando como Capitana General de las FFAA y pone en norma al comandante general de las FFAA (quien avanzó en ropa de fajina, cual sindicato, en el Senado, a sabiendas de que ese no es el mecanismo de reclamo para que se aprueben los ascensos, ya que la CPE establece el comportamiento de los militares), la Presidenta estará dando señales de debilidad o de imposibilidad de manejar el aparato político y administrativo del Estado y eso la hace, por supuesto, poco elegible.

De ella depende dar un giro, mostrar que tiene con qué ser lo que pretende ser; la gente ya mira con recelo. Seguramente las encuestas y muchos de nosotros, los que escribimos, nos encargaremos de opinar sobre ello, si acaso persiste.

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