Carlos Federico Valverde B.

Parece que el masismo está cada vez más cerca de lograr sus objetivos ‘electoreros’ sin tener oposición política ni encontrar argumentos técnicos que impidan la locura de movilizar a miles de ciudadanos en los próximos meses para luego amontonar gente, en un solo día, como si eso no se pudiera postergar.

Aprobaron la ley de convocatoria a elecciones con gritos de oposición de todos lados y cuando ellos que armaron el zafarrancho electorero consideraban la posibilidad de revisar su barbaridad con el argumento de que “la ley no está escrita en piedra” (Eva Copa), el TSE que aseguraba haber propuesto fechas entre junio y septiembre “por la flexibilidad técnica necesaria”, se sometió mansamente y sin decir nada en contrario y los demás partidos parecen haber bajado los ímpetus, leemos que el Tribunal cree que “ir a elecciones en medio de la crisis sanitaria por Covid-19 significará un costo mayor”.

“Se requerirá un presupuesto adicional porque hay algunos materiales nuevos que no estaban contemplados, que son los elementos de bioseguridad de protección de la salud”(https://eldeber.com.bo/178319_ir-a-elecciones-en-medio-de-la-crisis-sanitaria-por-covid-19-significara-un-costo-mayor) dijo Romero, reduciendo el asunto a una cuestión eminentemente económica; es decir, ahora parecen considerar que la flexibilidad técnica necesaria se la arregla con más plata, como si la salud de la gente fuera sólo eso.

Cuando uno ve que el TSE se “adapta” habiendo tantos argumentos para rechazar la fecha, siente que estamos frente a un proceso ‘ubicuo’ de quienes pusieron fechas (entre junio y septiembre) para que el masismo juegue a placer con las mismas y que el masismo jugó en ese límite “sin salirse de lo propuesto” por el TSE, es decir aceptó hacerlo entre los últimos días de julio y, hasta el 3 de agosto y parece que además van a aceptar aumentar la cifra que pida el TSE, para demostrar “su interés en la salud de los bolivianos”.

Entre el masismo y el Tribunal Electoral están jugando con fuego en una acción política perversa y a ello parece haber entrado el gobierno, que decide hacer ofertas electoreras y deja pasar el tiempo para acercarse al TCP, poniendo como testigos al TSE al que hay que sentar para que explique en qué consistía esa flexibilidad técnica necesaria”, si el argumento era económico o de salud pública; al menos eso podrá responder don Salvador Romero que se limita a decir lo mismo siempre sin dar a conocer lo que él piensa, siendo esta vez su obligación referirse a la pandemia como un obstáculo y no solo una cuestión de plata.

Asimismo deberá proponerse como testigos a los técnicos y especialistas del comité científico, a cargo de los lineamientos acerca de por qué no hay que hacer elecciones antes de septiembre, si es que el comité es real y tiene argumentos, por supuesto, o será la oportunidad para que en pleno TCP el llamado Comité Científico nos diga que sí se puede hacer elecciones en los tiempos del MAS. Es necesario que eso conste de manera inequívoca, para que sepamos a quién echarle la culpa y pedir cuentas de lo que pase luego, porque de esto, culpables tiene que haber.

De otro lado, los partidos sin representación parlamentaria, que técnicamente no pueden hacer representación formal ante el TCP, deberían extremar esfuerzos para evitar el riesgo electoral, con demandas de todo tipo, no de inconstitucionalidad, porque no les corresponde, pero sí llamando la atención de ese Tribunal sobre el peligro que se cierne sobre los ciudadanos de este país.

Y no es que se busque que no haya elección; ¡faltaba más! Lo que se quiere es que sea una elección histórica en asistencia y en votos que le digan al sátrapa huido que él ya no tiene cabida en la política del país, que luego del COVID-19 el mundo es otro y que los violentos, fraudulentos y que ven al país como un asunto de “ellos contra nosotros” entiendan que, tras de tanto sufrimiento y angustia, otro país nos espera.

Todos tenemos un rol en este cometido, los que gobiernan, los que hacen leyes llevan la mayor responsabilidad, por supuesto. Nosotros, los que votamos, decidiremos qué y quiénes el día de la elección que debe ser este año, por supuesto, pero no en el tiempo propuesto por Morales; no estamos obligados a asumir como nuestra semejante irresponsabilidad.

Elecciones sí, pero no así; se me ocurre, por ejemplo, el sábado 10 de octubre de este año… como recuerdo y homenaje al retorno de la democracia, porque de eso se va a tratar, de retornar a la democracia tras de 14 años de disparates democráticos que rayaron en la dictadura.

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