Marcelo Ostria Trigo

El jueves pasado, la presidente del Senado, Eva Copa (MAS), promulgó la ley que convoca a elecciones generales a realizarse en 90 días. Lo hizo pese a las observaciones de la presidente Jeanine Añez y de los entendidos en salud y en materia electoral, entre los que se cuenta el Presidente del Tribunal Supremo Electoral.

Los senadores masistas siguieron fielmente y, por supuesto con ceguera, el camino señalado por Evo Morales para retomar el poder, seguros de que los sacrificios que hacen todos los ciudadanos debido a la pandemia de la corona virus, podrían servirles para sus propósitos políticos.

Muy solicito, el líder masista refugiado en la Argentina, mostró su eufórica complacencia por la promulgación de la citada ley. Parece que ya vislumbrara su retorno como candidato a senador, para luego aspirar, nuevamente, a la primera magistratura por sucesión presidencial. Y sus seguidores mostraron optimismo de la pronta la recuperación del gobierno y, por supuesto, de las prebendas.

Pero hay tres antecedentes que debían aminorar la euforia masista:

1. Nadie puede asegurar, en elecciones transparentes y con un Tribunal Electoral independiente, que el triunfo electoral está asegurado en favor de los masistas. Aún no se han olvidado los catorce años de populismo saqueador, intolerante, corrupto e ineficiente.

2. El concluyente informe de la Organización de los Estados Americanos (OEA) sobre la transparencia de las elecciones del 210 de octubre del año pasado, muestra la enorme magnitud del fraude electoral cometido por el entonces partido oficial en favor de la nueva reelección de Evo Morales Ayma. Los partidos que cometen fraude; son pasibles por ley a la anulación de su personería –no pueden proponer candidatos.

3. Entre los que han promovido y ejecutado el fraude electoral, se cuenta al líder del MAS que pretende ser candidato a Senador por Cochabamba. Es más: no fue expulsado por nadie, abandonó voluntariamente el país. Consecuentemente, no cumple con la regla de residencia en el distrito que pretende representar. Por esto y, por mucho más, Evo Morales ya fue rechazado por el TSE como candidato a senado.

Imponer una ley imprudente en tiempos de crisis de salud que se esparce en todo el mundo es, cuando menos, irresponsable. Pero, ese es el estilo que ha venido predominando en el pasado gobierno, que ahora pretende, por la vía de la presión social y aprovechando la angustia ciudadana por la pandemia, imponer una candidatura objetable. En efecto, hay serias acusaciones contra sus candidatos.

Finalmente, la superchería de que “con Evo no se habría presentado la pandemia en nuestro país”, constituye una demasía, un embuste y una muestra de la inconsistencia moral para llevar adelante una acción política. No es probable que en la ciudadanía predomine la ingenuidad culpable de un retorno desastroso.

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