Hugo Balderrama

Debemos reconocer algo: la izquierda se adapta de manera brillante a los cambios históricos. En su momento, abanderaron la lucha de clases, luego pasaron a la defensa de los pueblos «oprimidos», y ahora son impulsores de la ideología de género y el feminismo.

En efecto, feminismo es una etiqueta que despierta simpatías de manera inmediata, y muchos desinformados lo asocian a objetivos nobles. Verbigracia, la defensa de la mujer contra la violencia machista. Pero la gran mayoría de quienes se declaran feministas, no tiene el menor conocimiento de lo peligroso de esa ideología. Y otros, incluso frente a evidencias, suelen argumentar: «no creo, estás exagerando», o «eso no es feminismo». Pero la verdad es que el odio al varón, a la familia, a la empresa y a la vida son los rasgos característicos del feminismo.

Por ejemplo, las agrupaciones feministas en Argentina -que tienen una variopinta cantidad de nombres- son, en última instancia, adeptos a la izquierda -y en muchos casos actúan en conjunto-. Una de las más importantes es Pan y rosas -apéndice del Partido de trabajadores socialistas-. En su carta de presentación esta organización declara lo siguiente: «Nosotras consideramos que la lucha contra la opresión de las mujeres, es también una lucha contra el capitalismo. Y que por eso, solo la revolución social que acabe con las cadenas del capital, puede sentar las bases para la emancipación de las mujeres». Este grupo promueve una serie de cursos llamados Talleres de género y marxismo –la legalización de la pedofilia es parte del contenido de esos cursos-.

La revuelta es otra organización argentina que destaca, en su sitio web (www.larevuelta.com.ar) puede observarse consignas como «abortamos hermanadas, abortamos en manada» y otras declaraciones contra el amor romántico, la familia y el capitalismo. A diferencia de Pan y rosas –cuya labor es principalmente educativa-, las revoltosas actúan como una fuerza de choque y disturbio callejero -la misma división de tareas que en cualquier otro partido comunista-.

Tanto La revuelta y Pan y rosas repiten las viejas consignas socialistas de Aleksandra Mijaylovna Kollontay -autora del libro El comunismo y la familia-, Silvia Federaci -la inventora de la falacias de la brecha salarial y el patriarcado del salario- y de Judith Butler -en cuyo libro El género en disputa presenta el concepto de deconstrucción de la sexualidad-. Como se puede observar, las metas finales del feminismo son destruir a la familia, acabar con el capitalismo -el único sistema capaz de generar riqueza- y estatizar todos los aspectos de la vida humana -incluido la crianza de los hijos-.

Obviamente, ellas están conscientes que esa es una larga marcha -concepto que copiaron del comandante Mao-, y que se debe tener una estrategia de lucha permanente en varios planos. Entre ellos, la monopolización de la educación, la guerra psico-politica y las marchas callejeras -especialmente la del 8 de marzo-.

La marcha del 8M del 2020 en España, que contó con el apoyo de Irene Moreno (Ministra de Igualdad), fue el detonante para que el COVID-19 acabara con la vida de 18 mil españoles -los datos son parciales, porque las victimas siguen subiendo-. Por supuesto, el gobierno español, al igual que toda la izquierda de ese país, sabían del peligro -para esa época el virus ya había causado estragos en Italia-, pero eso no les importó en lo más mínimo -«el machismo mata más que el coronavirus», era una de las frases más repetidas por políticos y periodistas progres-.

Evidentemente, los hechos nos demuestran, que el feminismo es un movimiento lleno de irresponsables, canallas y criminales que no tienen el menor respeto por la vida.

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