Hugo Balderrama

La llegada del COVID-19 a Bolivia, tumba por los suelos todo el relato que el régimen de Evo Morales había diseñado sobre la economía boliviana -cuento que contó con el apoyo de todos los presidentes que respondían al Foro de Sao Paulo-. Por ejemplo, se habló del «milagro» boliviano o del «oasis» económico de la región. Quienes cuestionamos el relato oficial, sufrimos todo tipo de desprestigios -desde calumnias, hasta amenazas públicas-. Pero la realidad acabó dándonos la razón: Bolivia es un país pobre y pesimamente gobernado.

En su libro Incautos, el economista Mauricio Ríos García, menciona que el régimen de Morales sostuvo su gestión en un castillo de naipes, es decir, que se favoreció -y en gran manera- del manejo irresponsable del dólar por parte de la Reserva Federal (FED). Para Ríos García, el gobierno del Movimiento al socialismo encontró el precio del barril de petróleo inflado, y eso le permitió gastar como si no existiera un mañana -política que se mantuvo a pesar de la crisis del 2008-. Penosamente, confundir gasto estatal con riqueza es un error que tarde o temprano trae consecuencias.

Y como el crecimiento de Bolivia no dependía de la creación de riqueza en el mercado, sino de unas irresponsables políticas de gasto fiscal, le deuda nacional con organismos de crédito internacional y con países acreedores alcanzó 6756 millones de dólares –la más alta desde la gestión del General Banzer en la década del 70-. Los mayores acreedores nacionales son el BID, la CAF, el gobierno de China -pésimo aliado comercial y político- y el gobierno de Francia. La composición de la deuda externa se puede ver en el gráfico siguiente.

Fuente: Elaboración propia en base a datos del Banco Central de Bolivia año 2019

En un estudio del Fondo Monetario Internacional titulado Economías sombrías en todo el mundo, en el que se analizaron 158 naciones, Bolivia obtuvo un porcentaje del 62,3%. Dato que nos convierte en la economía informal más grande del mundo, siendo ésta la verdadera razón para no estar en una situación tan precaria como Venezuela o Argentina. Según el estudio, las causas para tener ese nivel de informalidad son: a) elevada presión fiscal, b) baja calidad de las instituciones políticas y c) débil Estado de derecho.

¿Qué debería hacer el gobierno con una economía debilitada y en plena crisis de salud?

Consideramos que de la misma manera que se pide un sacrificio a la ciudadanía, los altos funcionarios de las oficinas estatales deberían ser solidarios con su pueblo. Por ejemplo, todos aquellos que ganen sueldos por arriba de los 10 000 bs, deberían rebajar un 25% de sus haberes mensuales. También los profesionales independientes -por lo menos por este año- deberían ser librados del Impuesto a las Utilidades de las Empresas. Y Finalmente, se debería reducir a la mitad los aranceles de importación para insumos médicos. Esas tres medidas reducirían la presión fiscal, el gasto estatal y los costos empresariales.

Si bien las acciones anteriores podrían ser un alivio temporal, la solución real pasa por un cambio de sistema, que le devuelva al ciudadano su plena capacidad de crear riqueza (propiedad privada), limite a los gobiernos y deje funcionar los mercados de manera libre -acusar de agio y especulación a los comerciantes no resuelve la escasez de productos en el mercado, incluso la empeora-.

Para terminar, a todos aquellos que quieren ingresar en la política, les doy un consejo: sea políticamente incorrecto. Esa es la única manera de ganarle al socialismo.

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