Edgar René Rodo Aguilera

“Hay dos cosas que son infinitas, el universo y la estupidez humana”.
Albert Einstein

Ante la pandemia que está viviendo el mundo, no queda otra que actuar con seriedad y responsabilidad; al menos eso es lo que pensamos y sentimos los que nos consideramos ciudadanos sensatos.

Como dijo Albert Einstein, “la estupidez humana es infinita” y eso quedo demostrado por la actitud irresponsable con la que actúan los desubicados de siempre, de aquí, de alla y de todo el mundo, que no terminan de entender que vivimos en una aldea global, donde las acciones de unos repercuten en los otros, y que si no logramos controlar esta crisis, actuando con rapidez, previsibilidad y eficacia, estaremos en el umbral de un infierno, que nos incinerará a todos.

Lo preocupante no es solo la salud pública, sino las secuelas que en materia económica y política dejará esta pandemia, demás está decir que el peligro de un colapso económico se cierne sobre el mundo.

Me pregunto: ¿En Bolivia estamos con las defensas altas para afrontar esta crisis?
Me temo que no.

Estos últimos catorce años fueron nefastos en materia de salud. Se gastó mucho mas dinero en publicidad política -para citar solo un ejemplo- que en infraestructura, equipamiento e ítems que necesita el sector de manera urgente. Así que no solo no estamos preparados con personal, hospitales, camas, equipamiento médico y otros, sino que, no contamos con el presupuesto necesario, con el personal necesario, ni con protocolos, ni políticas de prevención, control y/o promoción de la salud.

Y después de esto… ¿Qué?
Con este oscuro e incierto panorama, me temo que en Bolivia estaremos mucho peor.
Veamos como están nuestros signos vitales.

La temperatura –inflación- está dentro de sus parámetros históricos, razón por la cual parecería que de momento no hay de que preocuparse. Digo solo de momento, pues la evolución de este indicador depende mucho del comportamiento de la demanda de dinero.

La inyección prevista de aproximadamente 800 millones de bolivianos por concepto del Bono Familia, más los 3.476 millones de bolivianos que se inyectaran a la economía a través del sistema financiero nacional, producto de la compra del Banco Central de bonos del tesoro a las AFPs, más los recursos que demandara el programa de lucha contra el COVID–19, nos está mostrando muy claramente que estamos ante un crecimiento sostenido de la oferta monetaria, que bien puede terminar trasladándose a precios -inflación-, al mercado de divisas -perdida de reservas internacionales- o a ambos.

-Las Reservas Internacionales Netas están cayendo de manera sostenida desde el año 2014 en el que alcanzaron su pico histórico de 15.123 millones de dólares. Su nivel actual apenas supera los 6.200 millones de dólares, habiéndose perdido mas de 8.900 millones de dólares durante estos últimos seis años.

-Esta variable es muy importante, no solo porque es determinante para garantizar la estabilidad macroeconómica, sino también porque nos ayuda a sostener la tasa de crecimiento del PIB, que lamentablemente viene en picada desde enero del 2018.

-Por otro lado, el sector externo, caracterizado por su balanza comercial, se muestra deficitario desde el año 2015. Esto significa que desde ese año, el valor de nuestras importaciones, supera al valor de nuestras exportaciones, con el consecuente drenaje de reservas.

-Asimismo, desde el año 2014 tenemos déficit fiscal permanente, que en promedio ronda el 7% del Producto Interno Bruto, lo cual significa que el gasto público, superó al ingreso público durante estos últimos seis años de gestión.

-Acusar déficits permanentes en el sector externo e interno, no es precisamente el mejor de los mundos. De no corregirse estos déficits de forma eficaz e inmediata, continuaremos nuestra lenta pero inexorable marcha hacia una crisis de consecuencias económicas, sociales y políticas, gravemente serias.

-En otro orden, es de considerar que la coyuntura económica mundial, ha deprimido el precio del petroleo a 24.51 $us/barril, mientras que el precio de nuestro gas natural, de donde proviene nuestra principal fuente de ingresos tanto a nivel nacional, departamental como regional esta a febrero del 2020, a 1.92 $us/el millón de BTU. Este mismo gas a Febrero del 2010 costaba 5.34 $us el millón de BTU. Lo grave es que viene cayendo de manera sostenida desde el mes de noviembre de la gestión pasada, y nada hace presumir que esta tendencia se vaya a revertir en el corto plazo.

-El precio de nuestros principales minerales de exportación también están cayendo.

-Las bolsas de los principales centros financieros están cayendo.

-El turismo, el transporte, el comercio y la producción en general están cayendo.

-El mundo se esta cerrando comercial y financieramente, los movimientos de capitales se ralentizan y la colocación de inversiones en países como el nuestro ya no será fácil de conseguir.

-Por otro lado, esta situación a nivel mundial, originara que las remesas del exterior que giraban nuestros compatriotas a familiares y amigos, caigan significativamente. No nos extrañemos entonces si por esta misma razón, se produce una repatriación en masa de conciudadanos que hoy trabajan en países vecinos o de ultramar, lo cual obviamente agravará el problema laboral en Bolivia.

Durante estos últimos catorce años, vivimos de fiesta mientras los precios de nuestros commodities estaban por las nubes, no quisimos ver ni aceptar que la realidad empezó a cambiar, que el mundo era otro, y que debíamos aplicar medidas de ajuste y prevención en su momento mas oportuno. Pero eso, no le puedes pedir a ningún gobierno populista. Ellos solo saben gastar, lo que no les cuesta ganar.

Lamento concluir señalando –que en mi opinión- no estábamos ni estamos preparados para esta crisis de salud pública, y que por el estado de precariedad de nuestros principales indicadores económicos, puede conjugarse y devenir –como ya dijimos- en una crisis social, económica y política de consecuencias impredecibles.

Lo cierto es que después del Día “D” cuando todo esto pase –y ojalá sea pronto- , habrán sueldos, impuestos, facturas y servicios que pagar, en un contexto económico nacional muy deprimido, con niveles de ventas e ingresos bajos, con un sector público debilitado, con un erario nacional muy disminuido y lo que es peor con expectativas negativas respecto de nuestro futuro mediato e inmediato.

Por si todo esto fuera poco, tenemos las “Elecciones Nacionales” encima, que significarán mas gasto, mas inestabilidad política y mas convulsión social, fogoneada desde afuera por supuesto.

En este contexto, me pregunto: ¿Será mucho pedirle a nuestros políticos que respalden a este gobierno de transición, y se posterguen las elecciones hasta el año que viene?

¿Será mucho pedirle a nuestro gobierno, que sincere la economía, que sanee las finanzas públicas, que recupere la institucionalidad, que incentive la producción, que aperture nuevos mercados de exportación y que procese y enjuicie a quienes se robaron el país?

¿Será mucho pedirle a nuestros empresarios, que apuesten por Bolivia? que repatrien sus capitales, que inviertan y que generen más fuentes de empleo y de trabajo?

¿Será mucho pedirle a nuestras fuerzas armadas, a nuestra policía y a todas las instituciones del orden, respeto a la constitución, y como dice el lema militar: Subordinación y Constancia?

¿Será mucho pedirle a la ciudadanía que se queden en sus casas, que entiendan por lo que estamos pasando y que terminen con sus demandas sociales absurdas?

Bolivia nos necesita ahora, necesita del apoyo, del trabajo y del compromiso de todos. Este no es el momento de pedir ni demandar prebendas ni favores, este es el momento de demostrar con acciones nuestro verdadero amor a la Patria.

El Chaqueño

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