Antonio Saravia

La cantaleta que uno escucha cuando propone más libertad económica y menos intervención estatal, es siempre la misma: “es un suicidio político, el país no está preparado”, “hay que ser prácticos, la dicotomía estado-mercado es inútil”, “el debate izquierda-derecha te quita votos” … Las mismas excusas década tras década. El país atascado sin poder generar un salto cualitativo de desarrollo económico y los políticos que nunca pueden estar a la altura del desafío. Nadie se la juega. Y así nos va.

¿Por qué tanto miedo a la libertad económica (entendida como el achicamiento del estado y el respeto estricto al individuo y la propiedad privada)? ¿No se dan cuenta acaso que el único suicidio es seguir pegados al estatismo ineficiente y esperar que las cosas cambien? No, señores políticos, la dicotomía Estado-mercado no es inútil y el debate izquierda-derecha es importantísimo. Si no se tiene claro el rumbo ideológico es muy fácil perderse en el mar de las buenas intenciones.

Derecha e izquierda son conceptos complejos. Uno podría enredarse mucho explicándolos. Pero como paradigmas de desarrollo económico la diferencia es muy clara: la derecha favorece la libertad económica del individuo y la izquierda favorece el poder colectivo del gobierno. La derecha cree que, respetando la libertad económica, esto es, poniéndole límites a la influencia del gobierno en los quehaceres de las personas, tendremos mejores condiciones de desarrollo. La izquierda cree que solo la intervención del gobierno generará mejores condiciones de desarrollo. La derecha cree en la eficiencia de mercados libres, es decir, cree en el capitalismo. La izquierda cree que el gobierno debe redistribuir la riqueza, es decir, cree en el socialismo.

¿Qué paradigma tuvo más éxito? ¿Qué países generaron desarrollo y qué países generaron hambre y miseria? ¿Acaso Cuba, Venezuela y Corea del Norte han mejorado la vida de su gente desde que enrumbaron hacia la izquierda? ¿Que pasó con China, Vietnam y Chile cuando decidieron enfilar hacia la derecha? Vamos a los datos. Usando el índice de libertad económica del Fraser Institute, el PIB per cápita de los países en el cuartil más alto de dicho índice es ocho veces mayor al PIB per cápita de los países en el cuartil más bajo. La población más pobre en los países con mayor libertad económica tiene un ingreso anual casi diez veces mayor al de la población más pobre en los países con menor libertad económica.

La esperanza de vida es quince años más alta en los países con mayor libertad económica que en los países con menor libertad económica. La tasa de mortalidad infantil es siete veces más baja en los países con mayor libertad económica que en los países con menor libertad económica. El porcentaje de la población viviendo en extrema pobreza es 21 veces más bajo en los países con mayor libertad económica que en los países con menor libertad económica. Y así podemos llenar varias páginas. No hay un solo indicador de desarrollo, leyó bien, ni uno solo, para el que, en promedio, los países del cuartil más bajo del índice de libertad económica le lleven ventaja a los países en el cuartil más alto. No hay un solo ejemplo de país en el mundo que haya logrado desarrollo de largo plazo sin libertad económica. La izquierda ha generado solo desolación y hambre allá donde ha sido implantada.

Dada la abrumadora evidencia de resultados como paradigmas de desarrollo económico, ¿no debería ser la libertad económica la oferta central de los políticos? ¿no debería uno avergonzarse de pies a cabeza si piensa que yendo hacia la izquierda podremos mejorar nuestras vidas? Pero los zurdos no se dan nunca por vencidos. ¿Y los países nórdicos?, preguntan, ¿no son acaso socialistas? Esto merece otra columna, pero por ahora solo vuelvan a los datos y fíjense donde están esos países en el índice de libertad económica. ¡Todos (Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia) están en el cuartil más alto! Es decir, los países nórdicos no son socialistas como nos los quieren vender.

Así que sin miedo. Miremos a la gente a los ojos y digámosle la verdad. La libertad económica genera desarrollo y saca a la gente de la pobreza. No debería ser tan difícil enamorar al electorado con la idea más exitosa de los últimos doscientos años.

El Deber

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