Marcelo Ostria Trigo

Cuando las candidaturas no muestran sus programas de gobierno, y menos aún su posición doctrinaria, desorientan y complican al ciudadano que debe escoger la oferta electoral que más se acerque sus convicciones. Entonces las dudas y los cambios son frecuentes en los votantes.

Esto está sucediendo en nuestro país y, además, con lo que se considera un alto número de opciones electorales a los partidos les sería difícil lograr una clara mayoría, lo que puede ocasionar que una candidatura eventualmente ganadora, luego no tenga el suficiente apoyo ciudadano ni parlamentario, pese a que nuestro sistema de gobierno es presidencialista.

Esto es lo que ha venido preocupando a la ciudadanía desde las elecciones, anuladas por fraude, del 20 de octubre de 2019. Y, ahora, los esfuerzos unificadores se multiplican con poco éxito. Pero surge una pregunta: ¿Estos esfuerzos unificadores para hacer frente a una opción populista y claramente antidemocrática, es posible entre partidos con grandes diferencias en lo doctrinal y, consecuentemente, en las acciones que propondrían cuando, eventualmente, integren una suerte de coalición gobernante?

No es aventurado suponer que un partido de origen maoísta –que actualmente propicia a un candidato para las elecciones del próximo mes de mayo–, se apartaría de sus eventuales socios electorales en la pugna por imponer medidas socialistas. Y, a la inversa; ¿Aceptaría este partido extremista que los moderados no adopten medidas de la llamada izquierda revolucionaria? Por todo esto, la unificación se hace difícil y no se vislumbra, hasta ahora, el ansiado desprendimiento..

Se arguye que hay un considerable número de países en los que se ha logrado el supuesto y beneficioso bipartidismo –aunque en ciertos países de tradición democrática se advierte también la dispersión con continuidad histórica- poniendo como ejemplo a Estados Unidos. La verdad es que en el país del Norte hay un gran número de agrupaciones políticas, con insignificante adhesión ciudadana y que buscan, sin ninguna posibilidad de éxito, romper la hegemonía republicano–demócrata. Además de los dos partidos tradicionales en Estados Unidos hay otras veinte pequeñas agrupaciones políticas que recurrentemente se presentan en las elecciones y no logran representación en el Congreso estadounidense.

También hay países en los que la dispersión aumenta desproporcionadamente. Esto, en verdad, representa las diversas corrientes políticas actuales, en las que, en ciertos casos, han desplazado a las opciones que en el pasado fueron mayoritarias. Pero, al fin, la libre elección es una de las bases de la democracia. Y, en verdad, eso es lo más importa.

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