Luis Christian Rivas Salazar

El jurista boliviano Carlos Castro Rodríguez en su obra Historia judicial de Bolivia narra los diferentes momentos del desarrollo de la administración de justicia desde los albores de la época republicana, el nacimiento del Poder Judicial, sus caídas y nuevos levantamientos cuál si fuera un Ave Fénix que nace entre la destrucción propiciada por regímenes autoritarios, en ese transcurso de tiempo, surgen hombres de derecho dispuestos a entregar su trabajo a la noble vocación de interpretar y aplicar la ley, juristas de gran prestigio como Pantaleón Dalence, llamado el Padre de la justicia boliviana, actor fundamental en la construcción del Estado.

La justicia como función, es importante en su análisis en el pasado, presente y futuro, pero no sólo función como actividad, sino también, es necesario entender el firme propósito de proyectar la cualidad sustancial de “Justicia-Poder”, frase atribuida al jurista Ángel Osorio.

El libro de Castro Rodríguez nos permite entender cómo nace ese poder como apéndice del Ejecutivo pero se independiza completamente en su época de oro con la presidencia de Dalence, sacrificio y patriótico esfuerzo por liberar esa fuerza del avasallamiento inconfesable de las pasiones políticas, decía Dalence: “Pero, la falta de buena voluntad, la arrojó, en la pendiente que hoy recorre para llegar al abismo. Si aún no ha sucumbido, es a merced de la ejemplar abnegación de aquellos magistrados y jueces que como honrosos modelos en diferentes puntos de la República, permanecen fieles al deber…”, Dalence proclama la independencia judicial después de décadas de nacimiento republicano: “El Poder Ejecutivo que antes compartía con el Judicial el ejercicio de la judicatura… eran una monstruosa superfetación en nuestra forma de gobierno… El ciudadano acostumbrado bajo el régimen autocrático del cesarismo, a acatar sumiso la palabra de un mandón, por arbitraria e injusta que ella sea, alza ya la voz en demanda de justicia…”.

Bolivia nació como “Republica representativa”, de la mano de liberales y republicanos llegaba a la cúspide de la época dorada del servicio judicial con Dalence en la Corte Suprema durante 34 años seguidos, experiencia procesal y jurisprudencial que mostraba un horizonte de rectitud, idoneidad, en esos hombres de leyes que debía ser elegidos: “con intensión honrada y ajena de afecciones personales… Que la ley y no el hombre se encargue de reprimirlo y corregirlo”. Esa es la base del republicanismo, el sometimiento e imperio, ni siquiera a la ley, sino a la justicia, la república es el imperio del Derecho: “…recordemos que la paz pública es la primera condición de todo mejoramiento intelectual, moral y económico: y que la paz no siendo la de los sepulcros que el sable impone, es el resultado de la justicia… ¡Que la Corte Suprema sea el antemural de la constitución!, pero los bolivianos no lo entendieron así.

¿Cómo se pudo degenerar estos ideales hasta prostituir tan noble acción?, “ten cuidado de la justicia boliviana” se suele decir en estrados nacionales e internacionales para describir el grado de enfermedad casi terminal en que se encuentra este órgano, órgano podrido, digo Órgano porque ya no es “Justicia-poder”, es un simple aparato que responde las ordenes emanadas de un cerebro, grave error cambiarle el nombre, ya no hay división de poderes, no hay frenos ni contrapesos republicanos, sólo hay un colgajo al servicio del capricho político de turno, esto se explica por la doctrina del organicismo ajeno al republicanismo, este último sistema donde “la única servidumbre que no mancha, es la servidumbre a la ley”, Dalence fue el apóstol de la división de poderes y protector de la independencia judicial en Bolivia.

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