Brian Moron V.*

Bajo el rótulo “revolución democrática y cultural” y con un contenido objetivo que se inspira en las ideas de la “descolonización”, el MAS intentó constituir una realidad y eliminar los valores que heredamos de la cultura occidental.

Esta idea, que bien se puede explicar desde la categoría hegeliana de “totalidad”, se constituyó en un intento de implantar en Bolivia un totalitarismo, alegando el ideario del “Socialismo del siglo XXI” y del cual, decían, buscaba un régimen más justo.

La gran negación a la buscada totalidad del MAS fue la resistencia heroica de los bolivianos, que duró 21 días y finalizó con la renuncia del caudillo bárbaro y con esta historia que todos conocemos.

Hasta aquí tenemos dos elementos de la dialéctica hegeliana: la afirmación del MAS y la negación en la resistencia de los bolivianos.

Ahora bien, es el momento de la superación como la tercera etapa de la dialéctica, y es imprescindible para no repetir el pasado y superar las etapas históricas, tratar de lecturar las demandas que en el espacio social boliviano se han venido generando.

En primer lugar, ante la idea de destrucción de valores del MAS, la recuperación e implementación de nuevos es vital: Los políticos y la política debe embriagarse de los valores a los cuales los bolivianos por cultura obedecemos y sin dejar de observar el tejido plurinacional, cuya aceptación es inequívoca.

En segundo lugar, ante las ideas estalinistas, el culto a la personalidad y el intento de formación de caudillos mesiánicos, la renovación política es elemental: Los jóvenes deben ser preparados para ser mejores políticos, ser parte de la conformación política del estado y ser una negación y una constante en la renovación.

En tercer lugar, ante el hombre fuerte representado por Evo Morales, la participación de las mujeres en igualdad de condiciones debe marcar el futuro de la política nacional y progresar hacia una sociedad que se supere: Si bien el concepto de justicia es un abstracto al que pro hombres de la filosofía no pudieron determinar, la participación de las mujeres en política y en el que hacer de la res pública, puede derivar en una Bolivia más justa.

En cuarto lugar, ante el centralismo que niega el despliegue de los derechos reconocidos por un mal parido Estado Plurinacional y que permitió a Evo Morales acumular tanto poder, el reclamo de una democracia horizontal y una reforma objetiva de la estructura del poder es vital: No se puede concebir el despliegue y la acomodación de los derechos reconocidos dentro de los conceptos y definiciones de la plurinacionalidad de Bolivia, sin la formación de un Estado Federal que distribuya eficientemente competencias y que fortalezca a las regiones, en desmedro de la estructura del poder central y que se mantiene -como bien lo expone Gargarella- en el siglo XIX.

En la medida que podamos lecturar adecuadamente nuestro momento histórico, encontrar los sujetos políticos idóneos para la transformación racional y científica del país, podremos superar esta y todas las etapas amargas de Bolivia, en las cuales se impusieron o intentaron imponer “totalidades”.

Bertrand Russell (filósofo inglés) sostenía que “el poder es el motor que configura las dinámicas sociales”. En ese sentido, la nueva configuración de poder político –referido en las élites- en Bolivia este 3 de mayo, deberá “superar” esa trans-valoración que la política y la burocracia pública sufrió durante los últimos 14 años, y restituir, mejorar, renovar y garantizar la permanencia en el tiempo de los supremos valores de la democracia; democracia que heredamos de la cultura occidental y que se hizo presente, se manifestó y rechazó el intento de totalidad de Evo Morales Ayma.

*Abogado

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