Javier Sandoval Aguilera*

A los cruceños siempre se nos ha acusado injustamente de no pensar más allá de nuestras fronteras departamentales, de no proponer un proyecto de país o de ‘regionalistas’ (siendo que, según el diccionario, este término no tiene ninguna acepción negativa, como muchos piensan erróneamente). Nada más que falacias históricas. Las contribuciones de esta región han sido muchas y muy importantes, pero sólo mencionaré las primeras que se me vienen a la mente: regalías del 11%, elección de alcaldes y prefectos (luego gobernadores), descentralización, y, cómo no, autonomías. Y, recién nomás, aunque varios no quieran reconocerlo, lideramos la recuperación de la democracia, contagiando a todo un país con el paro cívico de 21 días, en una lucha valiente, pacífica, democrática, e incluso con fe, y capitaneada por un cruceño.

Sufrimos catorce años de un régimen que nos castigó duramente por nunca dejarnos dominar. Fuimos cercados y perseguidos física, económica, impositiva, judicial y moralmente, pero supimos resistir. Lastimosamente tuvieron que avasallarnos, quemarnos la Chiquitania y robarnos el voto para que por fin se despierte nuestra sangre chiriguana y así sublevarnos; pero lo hicimos y eso es lo que importó.

Pero no debemos olvidarnos que el sacrificio de los cruceños por la democracia no comenzó el día que se dictaminó el paro cívico indefinido, sino el mismísimo día de las elecciones, cuando muchísimos se tragaron el orgullo y con el afán de sacar al dictador votaron por los resabios del centralismo anacrónico, en una jugada casi desesperada.

Hoy se sienten vientos de libertad, sin presiones antidemocráticas, sin votos útiles, sin tontos útiles, sin dictadorzuelos, con líderes jóvenes y emergentes, con sonrisas, y con fe y esperanza en un futuro mejor.

Porque nadie se cansó, ni nadie se rindió.

*Ingeniero comercial, escritor y consultor

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