Emilio Martínez Cardona

El sincericidio del depuesto tirano Evo Morales, al afirmar que “si volvería hay que organizar como Venezuela milicias armadas del pueblo”, es, además de un atentado a la sintaxis, un tiro en el pie de primer orden, que resquebraja la estrategia victimista diseñada para él por sus padrinos internacionales.

Hasta ahora, el guión para engañar incautos giraba en torno al “pobre indígena depuesto violentamente por un golpe de Estado fascista”, sólo contrarrestado ante la prensa global por la filtración del audio donde Morales llamaba a “impedir que entre comida a las ciudades” (crimen de lesa humanidad).

Pero el sinceramiento guerracivilista del ex caudillo cocalero termina de mostrarlo de cuerpo entero, como el personaje que en realidad es: alguien que primero desestabilizó durante años a la democracia boliviana, luego procuró desmontarla desde el poder y que actualmente estaría dispuesto a destruirla con narco-milicias.

Sin embargo, hay algo más. Las declaraciones de Morales tienen una fuerte carga de nerviosismo y desesperación por no lograr controlar plenamente a su partido, el Movimiento Al Socialismo, que ya adelantó la intención de postular al binomio Choquehuanca-Andrónico sin esperar la decisión que el ex mandatario pretendía fijar el 19 de enero desde Buenos Aires.

De ahí que Morales patea el tablero buscando volver a ser el centro de atención, pero no sólo sabotea su construcción de imagen victimista hacia el exterior, sino que también ahonda el malestar en las Fuerzas Armadas, con una propuesta miliciana inaceptable para cualquier ejército profesional del mundo.

Para colmo, muchos legisladores masistas se distancian de su descabellada iniciativa, sellando el fracaso de su estrategia de reposicionamiento en el liderazgo del antiguo oficialismo.

En la misma lógica, la bancada del MAS aprueba –irregularmente- una “Ley de Cumplimiento de Derechos Humanos” que procura blindar a la dirigencia de ese partido ante procesos judiciales, pero que excluye el nombre del ex gobernante. “Han cambiado totalmente el proyecto”, se queja Morales desde la capital argentina. El masismo se debate entre Evo y Eva (Copa).

La idea de las “milicias del pueblo” evidencia tres cosas: 1) la voluntad de Morales de encabezar una dictadura total en el caso (hoy remoto) de retorno al poder; 2) la influencia ideológica creciente de sus amigos de Podemos, siempre nostálgicos de las milicias de la Guerra Civil Española; y 3) la irresponsable actitud de tratar de empujar un poco más a Bolivia hacia ese Estado fallido que tanto necesita el crimen organizado.

Nada de lo escrito apunta a que nos quedemos confiados, cruzados de brazos, ante las torpezas de quien fuera el capo del Cártel del Chapare y que seguramente continuará conspirando para evitar la consolidación del orden republicano. Habrá que tomar las previsiones del caso.

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