Carlos Pablo Klinsky

Luis Arce Catacora publicó recientemente un artículo, titulado “Economía: cuentas claras y chocolate espeso”, donde intenta negar el despilfarro de recursos públicos realizado durante el gobierno del Movimiento Al Socialismo.

Para esto, el ex Ministro de Economía y Finanzas recurre a dos argumentos engañosos o falacias: 1) atribuye el aumento de ingresos estatales durante su gestión a la “nacionalización de los hidrocarburos”, descartando a los precios internacionales; y 2) niega el derroche rotulando lo gastado como “inversión pública”.

Sobre el primer punto, habrá que recordarle al ex ministro que la principal norma que viabilizó una mayor renta estatal en el sector de los hidrocarburos fue la Ley del IDH, aprobada por el Congreso en el año 2005, antes de la llegada del MAS al poder y con los votos en contra de ese partido.

Fue esa ley promulgada por el presidente del Senado, Hormando Vaca Diez, la que llevó la bonanza a las arcas públicas, junto a los precios internacionales por supuesto, teniendo el decreto de “nacionalización” de Evo Morales apenas un rol complementario.

En materia de ingresos, Arce Catacora también alega “recaudaciones más eficientes” en el cobro de impuestos nacionales. Una burla para todos los emprendedores, que saben lo difícil que ha sido producir bajo la dictadura tributaria vivida en los últimos 14 años.

Sobre el segundo argumento, hay que subrayar que dentro de las cifras de “inversión pública” dadas por Arce Catacora se cuentan muchos proyectos improvisados, inviables, mal ubicados geográficamente y con grandes sobreprecios, a los que sólo cabe calificar como elefantes blancos.

El caso más emblemático sería el de la planta de urea y amoníaco emplazada en El Chapare, lejos de las fuentes de materia prima y también de los principales mercados de exportación, que le costó al país 953 millones de dólares y ha funcionado siempre muy por debajo de su capacidad instalada.

Pero más importante aún que lo que dice el ex funcionario es lo que olvida, como el déficit fiscal del 9% con el que dejó a Bolivia, el más alto de la región después de Venezuela. Número rojo con el que difícilmente pueda hablarse de éxito alguno.

Por más interés que tenga Arce de buscar nuevamente los reflectores, procurando la candidatura presidencial por el Movimiento Al Socialismo, tendrá que considerar que el relato de la bonanza, tal como fue contado en los últimos años, se ha caído, y que ahora los bolivianos exigen respuestas por las cuentas oscuras dejadas en herencia.

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