Roberto Ortiz Ortiz*

Punto uno:

El que me diga que el voto obligatorio es democrático, definitivamente no entendió la base de la democracia; la libertad de elegir.

Estamos en tiempos de recuperar la democracia, por lo que me parece necesario profundizar en muchos puntos del proceso eleccionario, sobre todo algunos que a veces damos por sentado como correctos y los pasamos por alto sin percatarnos que podrían tener una gran incidencia en el resultado final

El voto obligatorio es totalmente antidemocrático, no solamente te coerce a votar mediante el chantaje económico, sino que tambien nos entrega un resultado mentiroso que favorece más a los políticos que a los propios ciudadanos. Sobre todo, a los políticos corruptos y demagogos que saben aprovecharse fraudulentamente de esta obligatoriedad.

En los países donde el voto es voluntario, el ciudadano vota cuando tiene la madurez suficiente para entender que su voto vale y que este puede cambiar el futuro del país. Vota cuando se ha convencido por una propuesta luego de hacer un análisis de los candidatos y sus ideas. Nadie está dispuesto a perder tiempo de su valioso día solo porque le dieron ganas de votar. Se debe estar realmente convencido.

La evidencia mundial de procesos eleccionarios nos muestra que cuando el descontento social político es muy fuerte, como en Bolivia, la abstinencia a votar es muy poca, por lo que adoptar un sistema de voto voluntario no sería perjudicial en el sentido de participación en la elección.

Al final no es la cantidad de votos lo que cuenta para una democracia representativa, sino la calidad del votante y su deseo legítimo de votar, tal vez sea por esto que solo 19 de 194 países mantienen esta imposición absurda del voto obligatorio.

Punto dos:

Es necesario cambiar la geografía electoral, no puede ser que una zona con 25 mil habitantes tenga el doble de curules que una con 150 mil y que el sector urbano que representa el 80% del electorado, solo pueda elegir el 50% de los escaños.

Está claro que esta distribución geográfica la hizo el MAS para favorecerse y es urgente cambiar esta situación, no para favorecer a algún partido en específico, sino más bien para fortalecer la democracia y devolverle la representatividad al ciudadano y no a un partido.

La distribución de los escaños tiene que estar basada en el tamaño de la población y las circunscripciones deben ser modificadas para abarcar espacios que realmente representen a un sector, solo por dar uno de muchos ejemplos; es insólito que el mismo diputado uninominal tenga que hacer campaña y representar a gente de Buena Vista y al mismo tiempo del Torno como es el caso de la C-56, pueblos alejados con poblaciones y culturas muy diferentes. Como tambien es inaudito que una circunscripción tenga 20 mil habitantes y otra 300 mil.

Además de modificar la distribución de escaños, es necesario realizar un censo más allá de depurar el padrón, para así entregarle a cada departamento los escaños que merece, entiendo que el corto tiempo para organizar esta elección, no nos podrá dar ese privilegio.

En fin, hay mucho para debatir.

*Fundador de Estudiantes por la Libertad Bolivia

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