Susana Seleme Antelo

Osvaldo Gil Landívar ha escrito una novela coral, intensa, entrañable, desgarradora y cruda la vez. Rincon del Valle es un relato de ficción, pero remite a realidades que recuerdan historias conocidas, lejanas y cercanas en estas tierras del Oriente boliviano.

Con más pausas que prisas, el autor denuncia la mascarada de campañas electorales en las que la ciudadanía es pasto de la democracia de mercado, como dijo hace tiempo el austriaco Schumpeter. Esa farsa democrática que reduce a las y los ciudadanos al triste papel de consumidor de promesas y mentiras, y donde “las borracheras son el método más eficiente de comprar tanto votos como conciencias”. Y acusa la ausencia de escrúpulos políticos en la gestión pública.

Rincón del Valle desnuda los fraudes electorales, de los cuales somos testigos recientes. Es también un ‘yo acuso’ a la corrupción desenfrenada, al tráfico de influencias, a las coimas, a los abusos de poder, y los dineros robados, “a buen recaudo en cuentas de paraísos fiscales”.

Gil Landívar habla de los crímenes contra la naturaleza, la invasión y tráfico de tierras, la centenaria práctica extractivista “que mostrará al cosmos el poder ilimitado de los buldóceres, que, en pocos días, destruyen lo que a la naturaleza le costó millones de años crear”. Bien saben estas tierras de esos crímenes.

Es una acusación que alerta con un ‘basta’ al narcotráfico, que ahora utiliza carreteras, en lugar de pistas clandestinas. Como caballos de Troya, traen el crimen organizado con todas sus secuelas. “La droga ha entrado con furia arrolladora en la pequeña comunidad, y ha contaminado al más grande patrimonio de los pueblos: la juventud”, y donde “la muerte es ordenada tanto por las drogas como por la ignorancia.”

La novela también describe y denuncia la lucha de los pueblos de las regiones contra el añejo centralismo del Estado y de gobiernos. Somos testigos centenarios de ese maltrato.

El autor lanza un ‘basta’ a las ambiciones desmedidas y desalmadas del género humano. Lo hace a través del coro de voces de sus protagonistas. Cada uno con su propia voz, algunas más desarrolladas que otras, pero cada una, como en un coro, tiene su “tempo” preciso. Y nos ofrece una sinfonía coral de gente buena, de denuncias sociopolíticas, de miserias humanas y hombres mediocres. Por eso cita a José Ingenieros.

Una alcaldesa: Abundia, como el ángel de la abundancia, voraz en su desquiciado apego al dinero, nunca suficiente para las necesidades del pueblo, ni siquiera para arreglar la Iglesia, y tampoco para llenar esa panza como de ballena, así me la imaginaba, que no se saciaba con nada. El brujo Bellarmino cuya sabiduría es resultado más del peso de sus años que de las cartas de Tarot.

Todos y cada uno de ellos son las voces corales de Rincón del Valle, como el ingeniero terrateniente, quien en un arranque de honestidad y profundad reflexión filosófica afirma que “ni siquiera la proximidad de la muerte, nos redime de la ignorancia”. Están las mujeres, el joven narcotraficante, sus matones, las cocineras del mercado.

La novela empieza en el bucólico mundo donde andaba el padre Daniel Abransen, misionero de la Compañía de Jesús en la Chiquitania. Era el verano de 1767, cuando Carlos III decretó la expulsión de los jesuitas de todos sus dominios por poderosas razones religiosas, políticas y económicas conocidas.

Rincon del Valle podría ser cualquier pueblo de la Chiquitania o de otro lugar de la América Latina rural. Pero sus habitantes, los rinconeños, tenían un sello particular: la herencia genética del cura Daniel Abransen que se reflejaba peculiares características físicas: cabellos rojos como el fuego, ojos color miel, pies grandes, tobillos gruesos y muchas pecas. También en el temperamento, base biológica del carácter, determinado por los procesos fisiológicos y factores genéticos que inciden en las manifestaciones conductuales y en la personalidad. Era gente sencilla, feliz, franca y libre, de “una humildad y una propensión a la indefensión que abruma”, cuenta el autor.

Esos rasgos explicarán la trama medular de esta saga, 300 años luego de su fundación, cuando los sencillos rinconeros serán engañados por la ambición desmedida de otros, que no eran los descendientes de Abransen.

De dueños de tierras, se convertirían en asalariados, y luego desempleados, a cambio de “un poco de dinero, que la mayoría de los oriundos, por su ignorancia no pudo o no supo administrar”. Los recién llegados les compraban la tierra y abrían “la frontera agrícola”, en el límite desconocido de la civilización, tumbando árboles, arrasando bosques y agrediendo a la naturaleza.

La carretera, la del progreso, personifica lo bueno, lo malo y lo feo. Con ella Rincón del Valle sufrirá la pérdida de su identidad. Briareo, el perro del mercado, con nombre de mitología griega, sin sus 50 cabezas ni sus 100 brazos, sí podía oler la bonhomía y la maldad humana. Ese mercado es el lugar donde la gula hace gala de su desmandada naturaleza. También hay amores, de los buenos y de los malos.

Según el autor, la novela escrita hace más de un año y medio, se envuelve en un halo premonitorio de las realidades que vivió Bolivia, hasta el 20 de octubre de este 2019, con el fraude electoral y luego cuando huyó el tirano. O, mejor dicho, cuando la sociedad boliviana lo echó tras 14 años de ignominia y abuso de poder. Y Santa Cruz de la Sierra insurrecta pacíficamente, 21 días bloqueando calles y carreteras con ‘pititas’ pidiendo la renuncia del dictador.

El final de la novela habla de la circularidad del tiempo en la historia. Son como los “Recuerdos del porvenir” de la mexicana Elena Garro: “otra vez los buldóceres camino a las tierras aledañas…”.

Rincon del Valle, dicho en pensamiento socio político y literario es la articulación de causas, azares y destinos, casualidades, tesis, antítesis y síntesis que conjugan, tejen, destejen, rompen, zurcen, crean mitos y los destrozan mientras se construye la historia.

Descubrió Osvaldo Gil Landívar su vocación por la escritura hace apenas algunos años. A sus 50 años, lo corona hoy el éxito, pues Rincon del Valle ha sido publicada por la mayor editorial del mundo globalizado, Penguin Random House, con su sello ‘Talento Caligrama’.

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