Marcelo Ostria Trigo

En las últimas décadas se vino intentando en América Latina la expansión del populismo. Se trató de una nueva manera de establecer gobiernos radicales de izquierda, por medio de elecciones y, luego, cambiar las constituciones y las políticas públicas, todo de acuerdo con la estrategia del Foro de San Pablo. Por supuesto que hubo variantes, pues se acomodó a las características de cada país capturado.

El primer populista de la linea del Socislismo del Siglo XXI que alcanzó el poder, fue el presidente venezolano Hugo Chávez Frías que, de inicio, tuvo el apoyo de la Cuba de los Castro. Luego vino una cadena de gobiernos de esas características, entre ellos, Ecuador, Nicaragua, Bolivia y un grupo de países del Caribe, contando con la cooperación y aliento de los regímenes de Inácio “Lula” da Silva en Brasil y de los Kirchner en Argentina.

En 2005, en Uruguay, resultó electo el médico Tabaré Vázquez, integrante del Frente Amplio conformado por el Movimiento de Participación Popular (ex Tupamaros), el Partido Socialista, el Partido Comunista y otras agrupaciones menores de la izquierda. El nuevo régimen se puso en línea con la tendencia del momento. Pero había otras circunstancias: la fortaleza de la institucionalidad republicana uruguaya, que impidió que se sigan todos los lineamientos del populismo.

En el último de los tres períodos del gobierno del Frente, hubo hechos preocupantes como los casos de corrupción; el más notorio, del Vicepresidente Raúl Sendic, que tuvo que renunciar. Esto, además de la preocupación generalizada por los problemas económicos, y el aumento de la criminalidad y la falta de medidas para defender a la sociedad de este mal. Pero lo que causó más revuelo y rechazo, fue el creciente acercamiento del Frente a la dictadura venezolana. El Canciller uruguayo, defendió insistentemente al régimen de Nicolás Maduro, y se negó a condenar las graves violaciones a los derechos humanos y a los atentados contra la democracia de esa tiranía. Esto causó protesta generalizada de un pueblo que, entre sus tradiciones, se cuenta el respeto a la institucionalidad, a la democracia y a los derechos humanos.

Con estos antecedentes, no fue sorpresa que el candidato del Partido Nacional, Luis Lacalle Pou gane la presidencia en segunda vuelta electoral. Este triunfo fue logrado por una concertación de los partidos opositores al Frente Amplio.

Luis Lacalle Pou, es un político joven. Proviene de una familia de políticos que siempre estuvieron en defensa de los valores republicanos. Demostró a sus conciudadanos que también es capaz de defender las libertades democráticas y, ya electo, afirmó que la posición del gobierno saliente “frente a la dictadura de Maduro, era una vergüenza”. En Uruguay, ahora, la izquierda fue derrotada.

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