Humberto Vacaflor Ganam

México se ha convertido en un laboratorio muy preciso sobre el impacto de los mensajes políticos que produce Bolivia, ahora que el cocalero prófugo se ha refugiado en ese país.

Finalmente se han conectado los dos países de América latina con las mejores iniciativas revolucionarias, en diferentes épocas.

Esta vez, como un desecho, como un vómito, les ha llegado a los mexicanos algo que los bolivianos habían expulsado.

El prófugo cuenta con el apoyo, la simpatía, la solidaridad, o quizá la complicidad, del presidente de México, Manuel López.

Fue recibido con grandes honores, de un jefe de Estado en ejercicio, porque así lo decidió López, que lo considera un presidente derrocado por un golpe de Estado.

Pero el mensaje codificado de los bolivianos, el que estaba contenido en las protestas de los 20 días, de la revolución de octubre, estaba en un ánfora cifrada que solo los pueblos la pueden descifrar.

El mensaje decía: se puede derribar a los tiranos.

Este 1 de diciembre, miles de mexicanos marcharon por las avenidas del DF pidiendo dos cosas: la expulsión del cocalero boliviano y que en México el narcotráfico no se apodere de las instituciones, como había ocurrido en Bolivia.

“En Bolivia se pudo”, decía una pancarta. Y otra alargaba el mensaje: “que no nos pase lo que pasó en Bolivia”.

Miles de mexicanos marchando, pacíficamente, lo que es una marca de la insurrección boliviana, y pidiendo que López se vaya porque, eso es lo importante, está entregando el control de México a los cárteles de la droga.

No necesitó promotores que lo llevaran a los medios, pero el mensaje de los bolivianos llegó a los mexicanos. El pueblo mexicano descifró la contraseña.

Y en Venezuela, las marchas en contra de Maduro se han hecho más fuertes. Se habla del “síndrome de Bolivia”. Una especie de epidemia revolucionaria, de los pueblos que no quieren seguir prisioneros de mentiras. Falta que el mensaje llegue a los argentinos, todavía prisioneros de las mentiras del peronismo K.

El otro mensaje, aquel que llevan los seguidores de López en México, de los Castro en Cuba, de Maduro en Venezuela, de los Ortega en Nicaragua, empleados del peronismo milenial, que propone mantenerse bajo la tutela de la mentira, no ha calado mucho. No ha movido a la gente.

Los pueblos tienen sus vías para comunicarse. Los medios ayudan, pero no lo son todo. Hay un factor hígado que Internet no conoce.

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