Hugo Balderrama

La gestión económica de Evo Morales se sostenía sobre todas las falacias keynesianas. De ahí, que el gobierno haya impulsado el mayor programa de gasto público de los últimos setenta años, promulgara una regulación absurda sobre las tasas de interés, y haya multiplicado por cincuenta la deuda externa. Si señores, en Bolivia jamás existió crecimiento económico, sino un engorde del aparato político.

Existe un viejo refrán que dice: «Las mentiras tienen patas cortas». Y en el caso de Bolivia, las patas eran mucho más cortas. Por ejemplo, LACTEOSBOL, ENATEX, ECEBOL y ENVIBOL son empresas sumamente deficitarias. Solamente este año, se proyectó un gasto de 76,5 millones de bolivianos para todas las empresas estatales. Aunque las anteriores autoridades del área económica hayan intentado justificar los números rojos, la realidad nos dice que nos encontramos frente a una masiva destrucción de capital.

Por otro lado, regular la tasa de interés es una política mucho peor que la anterior. Veamos.

La tasa de interés establece la preferencia que existe entre consumo presente y futuro. Si el gobierno, como en el caso boliviano, decide intervenir la tasa de interés. La lógica a seguir será la siguiente: a) el crédito extra genera un «espejismo» en donde las personas beneficiadas creen tener más ahorros, b) fruto de esa ilusión los agentes económicos harán inversiones que antes parecían no rentables, c) después de esta etapa, la economía experimenta un crecimiento, d) pero como los bienes producidos por las nuevas inversiones en realidad no tienen demanda, el crecimiento inicial no puede ser sostenido, comienza e declive y muchas inversiones deben ser liquidadas –el sector de la construcción en Bolivia se encuentra en esta etapa-, e) finalmente, el mercado corregirá estos problemas, la tasa de interés buscara un nuevo equilibrio, y se establecerá a un nivel más alto que el inicial.

En síntesis, el Título I Capítulo V de la Ley de Servicios Financieros debe ser inmediatamente abolido, e impedir que el Ministerio de Hacienda vuelva a usar el crédito como un instrumento de clientelismo político, porque al final solo perjudica a los sectores más pobres.

Por otro lado, y aunque el régimen de Morales nos vendió la fantasía del «oasis económico de Sudamérica», nuestra imagen ante el mundo no es de las mejores. Verbigracia, desde el 2007 la inversión extranjera viene cayendo a ritmos acelerados en el país. Mi amigo Mauricio Ríos García, en su artículo titulado Evo Morales deja una economía destruida en Bolivia presenta algunos datos muy preocupantes:

PIB 2019, según Bloomberg antes del fraude: 3,8%
Déficit fiscal por sexto año consecutivo: 8%, $3.300 MM
Déficit comercial: $722 MM
PIB per cápita: $3.841
Calificación de riesgo (Fitch, S&P) antes del fraude: perspectiva negativa.

Pero a pesar de una cruda realidad golpeando la puerta, Luis Arce Catacora -hombre fuerte de morales desde el 2006-, en julio de este año, manifestó lo siguiente: «la economía va bien, el único sector que presenta problemas es el de hidrocarburos». Esto lo es lo mismo que decir: «la vaca está viva, sólo que ya no da leche».

Si bien, el gobierno de la presidente Añez está haciendo una labor brillante. Especialmente, limpiando toda la corrupción y el desorden institucional que dejó el Socialismo del Siglo XXI, el gobierno que tome la posta tendrá que realizar una dura tarea para estabilizar nuestra golpeada economía. Y eso implica una fuerte política de shock en el sector estatal, una reducción de la presión tributaria, y permitir la llegada de capitales extranjeros.

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