Humberto Vacaflor Ganam

El 4 de noviembre de 1964 salió al exilio el doctor Víctor Paz Estenssoro y el 10 de noviembre de 2019, el cocalero Evo Morales. Cuarenta y cinco años de distancia entre ambas fechas pero muchas similitudes.

Para poner a prueba mis sospechas sobre esas similitudes tuve la suerte de conversar con un testigo directo de los hechos de 1964, de alguien que estuvo en el avión en que fue embarcado el “doctor”: su hijo Ramiro Paz Cerruto.

Ambos personajes, el “doctor” y el cocalero, propuse en la charla, cometieron el mismo error: debilitaron a sus partidos y decidieron confiar demasiado en los militares. Con una pequeña aclaración: el “doctor” debilitó a su partido al romper el pacto de alternancia en la presidencia que tenían los líderes de abril de 1952, mientras que el cocalero nunca llegó a tener un partido pero violó la constitución y despreció un referéndum para perpetuarse en el poder, y también confió en los militares.

Ramiro fue el último en subir al avión que llevaría al doctor y a sus hijas a Lima aquel día miércoles. Ya en el aire, y en medio de las nubes, por unos minutos surgió la duda de si la nave iría a Lima o a Cochabamba, donde estaba atrincherado René Barrientos, el vicepresidente golpista, quizá con la intención de capturar al doctor. Pero un oficial de la FAB, de apellido Eguía (tupiceño) le aseguró a Ramiro que el destino de la nave sería Lima.

Ya en la capital peruana, el doctor se puso a esperar una llamada telefónica. Confiaba en que el general Alfredo Ovando Candia, quien hasta el 3 de noviembre había sido jefe de la célula militar del MNR, cumpliera su palabra de “tranquilizar al loquito de Barrientos” y hacer que el doctor retorne al país y a la presidencia. La llamada no nunca llegó.

A su turno, el cocalero huyó también, aunque de manera más complicada: en un avión de la fuerza aérea mexicana que pasaría por Asunción de Paraguay, donde, según nos dice Carlos Gill, no hubieran podido cargar en la nave los valores que llevaban dos vagonetas de Brinks que fueron filmadas alrededor.

Cuando renunció, casi llorando, el cocalero dijo que había sido derrocado por un “golpe cívico y en parte policial”. Esperaba que el comandante en jefe de las FFAA, general Williams Kalimán, le avisara que todo estaba controlado, que los motines policiales habían sido sofocados y que él podía volver a sus lujosas oficinas.

Esperó en vano. Ahora llora y la revolución de las “pititas” llega hasta México, donde el prófugo está refugiado.

Dos exiliados que se parecen en el tiempo, que confiaron en los militares y se equivocaron, pero sobre todo cometieron errores muy graves que les hizo perder el apoyo de los votantes.

A los dos años del derrocamiento de Paz Estenssoro, el candidato Barrientos ganó las elecciones con mucha amplitud. Ahora, sin los métodos fraudulentos que se aplicaron no solamente en octubre, se medirá el apoyo que tiene el MAS, si alguno tuviere.

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