Walter Javier Arrázola Mendivil*

El “Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca” firmado por Bolivia en 1947, instituye en su Art. 1 que se “condenan formalmente la guerra y se obligan en sus relaciones internacionales a no recurrir a la amenaza ni al uso de la fuerza en cualquier forma incompatible con las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas o del presente Tratado”.

En su Art. 2 los Estados “se comprometen a someter toda controversia que surja entre ellas a los metodos de solución pacifica y a tratar de resolverla entre sí”.

En el Art. 3.1 los Estados “convienen en que un ataque armado por parte de cualquier Estado contra un Estado Americano, será considerado como un ataque contra todos los Estados Americanos, y en consecuencia, cada una de dichas Partes Contratantes se compromete a ayudar a hacer frente al ataque, en ejercicio del derecho inmanente de legítima defensa individual o colectiva”.

El concepto precedente se complementa con el Art. 6 que claramente determina “si la inviolabilidad o la integridad del territorio o la soberanía o la independencia política de cualquier Estado Americano fueren afectadas por una agresión que no sea ataque armado, o por un conflicto extra continental o intracontinental, o por cualquier otro hecho o situación que pueda poner en peligro la paz de América, el Órgano de Consulta se reunirá inmediatamente, a fin de acordar las medidas que en caso de agresión se deben tomar en ayuda del agredido o en todo caso las que convenga tomar para la defensa común y para el mantenimiento de la paz y la seguridad del Continente.”

Este Tratado fue denunciado por el régimen de Evo Morales el año 2012, urge la reincorporación de Bolivia para precautelar su soberanía, independencia política y otras situaciones que puedan poner en peligro la estabilidad de la región.

Una vez reincorporado debe adherirse a la solicitud de aplicación de este Tratado para Venezuela y a su vez pedir se aplique para Bolivia, pues en estos momentos, se ha demostrado con pruebas irrefutables, que estamos viviendo inicios de convulsiones y una subversión armada organizada por agentes externos pertenecientes a los regímenes de Cuba y Venezuela, ligados directamente al narcotráfico y el crimen organizado.

Entre los grupos terroristas que han enviado grupos guerrilleros tenemos las FARC, las fuerzas militares del régimen de Venezuela y médicos cubanos que han servido como agitadores y financiadores del terrorismo en Bolivia. La función de estos grupos subversivos es entrenar a militantes del partido político MAS, en especial al brazo cocalero del partido, muy allegados al narcotráfico, para generar una guerra civil y enclaves del narcotráfico como en su momento tuvo el hermano país de Colombia.

En busca de la Paz y la estabilidad de la región, se debe realizar una operación en conjunto de los ejércitos americanos e intervenir las zonas en conflictos, para evitar la consolidación de territorios de guerrilla, manejados por carteles de narcotráfico, que pretenden capturar al Estado de Bolivia. Es decir, las Américas debe proteger a Bolivia y que no se consolide un narco Estado y se evite un derramamiento de sangre, planificado y orquestado desde Venezuela y Cuba.

*Ex diputado nacional de Bolivia

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