Carlos Pablo Klinsky

Para nadie es novedad el estado de situación emocional de los masistas. No lo pueden entender, peor aceptar. No estaba en sus planes perder el poder, de ahí que están mostrando, nuevamente, lo peor de su esencia humana y política.

La renuncia y partida a México de Evo y Álvaro es probablemente el plan “C” de su estrategia para recuperar el poder. El plan “A” era el farude y el “B”, hacerse “avalar” por la OEA. Lo cierto es que se fueron dejando una maquinaria de reacción violenta con mucho dinero; reactivando a sus bases políticas armadas, especialmente del campo, adoctrinadas durante varios años por delincuentes cubanos, venezolanos y miembros de las FARC (fracciones de cocaleros, campesinos, interculturales, bartolinas, etc.) y, en la ciudad, parlamentarios, ministros, alcaldes, dirigentes de juntas de vecinos, etc., con roles bien definidos en cada espacio, para que generen el caos, es decir, para que “enquilomben” el país. El asesinato de policías, militares y civiles, es parte de la estrategia.

La angustia de Evo, que al llegar a México se tuvo que atar solo la trenza de su zapato, lo traicionó, y con apenas 24 horas de asilo develó este plan, al adelantarse y declarar que “si se lo piden, vuelve para pacificar Bolivia”. Más obvio, imposible.

Es lamentable constatar una vez más que la soberbia y objetivo del poder por el poder a cualquier costo, obnubila a la gente. Más allá del dolor y la rabia que deben de sentir los masistas (sentimientos muy humanos), deben asimilar que los bolivianos amamos la vida y la paz.

Reconozcan que ustedes provocaron la reacción del pueblo boliviano por el bochornoso fraude en las elecciones del 20 de octubre. Sí, hicieron fraude. No lo pudieron esconder, fue descubierto el mismo día por expertos en informática y ratificado por la OEA, organización a la que ustedes recurrieron, con la esperanza que Almagro les vuelva a dar una mano.

La burda maniobra para habilitar a Evo y Álvaro como candidatos, violando el Referendo del 21 de febrero de 2016; es decir, pisoteando la CPE., no se podía olvidar, pese al absurdo esfuerzo que hicieron.

Ya mintieron suficiente, por favor, paren. A ustedes no se les ha dado golpe de Estado. Su propia Constitución previó esta sucesión ante la renuncia y posterior abandono del país bajo asilo político en México de Evo y Álvaro. A ustedes no los sacaron las fuerzas de la “derecha”, fue la lucha pacífica del pueblo en general. Les aseguro que era el pueblo, no los extraterrestres. Reparen que, hasta la renuncia de sus líderes, los cuatro muertos eran de nuestro movimiento democrático, no de ustedes, es decir, ustedes los mataron.

Admitan que nos unimos todos, pobres, humildes, ricos y poderosos, el campo y la ciudad, cambas, collas, chapacos, indígenas y mestizos. Sin racismo ni discriminación, nos abrazamos como bolivianos y eso no lo pueden entender.

Finalmente, algo que deben reconocer es que fue una generación de jóvenes menores de 40 años que les perdió el miedo. Ellos han sido la punta de lanza de este movimiento democrático y cívico. Muchos de ellos no vieron los actos de abuso e implacable ejercicio de la fuerza que ejercieron durante los años 2006 a 2009, así como sus amedrentamientos y la judicialización de la política con que se deshicieron de sus oponentes políticos.

Ustedes mataron bolivianos y varios. Comenzaron con los 3 sucrenses que asesinaron en La Calancha por oponerse a su Constitución y, a partir de ahí, los muertos por su Gobierno superan el centenar.

Sus eslogans de democráticos, víctimas y defensores de los más pobres, ya no cuajan. Ustedes representan lo que los bolivianos no queremos. Defienden un modelo anacrónico y perjudicial para la vida en paz.

Han sido 14 años que los hemos visto gobernar y han hecho más daño que bien al país. Han sido corruptos, abusivos, prepotentes y soberbios. Han entregado a Bolivia a estructuras internacionales mafiosas, vinculados a gobiernos de tiranos y narcotraficantes. Ustedes saben con absoluta certeza que casi el 100% de la coca producida en el Chapare se destina a la producción de droga, y que ese negocio les redita ingentes cantidades de dinero a sus bases y a sus estructuras partidarias.

Por favor, un poco de autocrítica, como lo hacen los verdaderos revolucionarios, les vendría muy bien. Háganlo por Bolivia.

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