Moira Sandoval C.

Siguiendo los medios de comunicación de esta semana, se ve tremendo revuelo causado por el enojo de algunos masistas a nombre de alteños por agravios a a whipala, símbolo andino cuya primera aparición se remonta al Primer Congreso Indigenal de 1945 y su consolidación en la década de 1970 caracterizando el símbolo del MITKA.

Extraña indignación selectiva por quitar la whipala del uniforme policial, pero no ofenderse en absoluto cuando el periodista argentino Graña insulta jovencitas en la calle cuando ella simplemente le decía que diga la verdad a la opinión pública argentina.

La reacción del policía en quitar de su uniforme la mitad de la bandera que contenía a la whipala, fue un acto de liberación psicológica expresando el hastío y repulsión hacia el gobierno represor de Evo Morales, caracterizado por humillar al estamento policial con una actitud colonial, pues esa institución está compuesta por la gente humilde de nuestro país y de la región altiplánica. Fue, sin dudarlo, un acto reflejo de rechazo al masismo que se apropió de manera hipócrita de los símbolos andinos y no un acto político contra la colectividad que legítimamente se halla representada por tales símbolos.

Entonces, no nos mintamos, el uniforme policial es de #Bolivia, no de una región o grupo étnico, de lo contrario debería tener también el patujú, la bandera de cada región y así, sería un collage gigantesco de banderas que ocuparía toda la pechera o espalda del uniforme policial. Convengamos entonces que la bandera nacional rojo, amarillo y verde, nos unifica.

El ex presidente Evo Morales y muchas autoridades de su gobierno profirieron ofensas permanentes a la bandera boliviana, constituyendo delito y, no olvidemos que a título de reivindicar naciones de tierras altas mediante la whipala, subordinó los símbolos nacionales y hasta cambió las fechas simbólicas de nuestra Patria, como el 6 de agosto, todo ello bajo el pretexto de la “refundación” del Estado. Para ello instrumentalizaron la whipala, símbolo creadoMayor ofensa y humillación a los símbolos patrios no puede haber.

Recordemos también actos de misoginia, discriminación y delitos cometidos por diputados, senadores y alcaldes del Movimiento al Socialismo, que no fueron condenados por los ahora “indignados” masistas que se dicen alteños, y que por tanto, fueron encubridores.

El episodio de inadaptados hasta ahora no identificados (podrían ser masistas infiltrados) que quemaron la whipala está siendo usado de pretexto para hacer un revuelo y linchamiento mediático -al que colaboran algunos medios de comunicación- sobre un humilde policía que expresó su enojo de esa manera. y en un momento de euforia.

No aceptar los desagravios públicos realizados por las actuales autoridades deja claro que la persistencia a pesar de los mismos, es una actitud intransigente y excusa para generar violencia y destruir bienes públicos, a tiempo de envenenar el alma de los alteños a quienes ya se les viene contaminando con la idea de división regional entre paceños y cruceños.

Bajo ese guión de protesta fingiendo estar ofendidos, acusan a la presidente Jeanine Añez de racista, sin demostrar en qué acto ella hubiera mostrado atisbos de racismo, ejerciendo ellos una actitud racista y discrimatoria por ser mujer.

Basta de hipocresías, las declaraciones de los dirigentes masistas que hablan a nombre de los alteños, es un discurso de odio al mismo tiempo que se víctimizan y claramente en mensajes discriminatorios hacia nuestros compatriotas cruceños. La ley 045 contra la discriminación prohibe eso.

Espero que las nuevas autoridades ya tomen acciones al respecto, pues las declaraciones y las arengas a violentar a personas del oriente boliviano, son públicas. De “indignados” pasaron a cometer delitos de discriminación. Así que rayemos la cancha. El que comete delitos o discrimina, tiene que pedir disculpas públicas, o ser procesado.

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