Paula Peña Hasbún

Siete días de contundente paro cívico muestra la convicción del pueblo cruceño en su lucha por la democracia y el bien, no solo de su departamento, sino del país en su conjunto. Una semana en las calles, familias enteras compartiendo con vecinos y amigos, con la certeza de que su lucha es justa.

El sacrificio para Santa Cruz es muy grande y no solo en términos económicos, que son los más fáciles de cuantificar. El sacrificio ha sido y es aún mayor, la gente entendió que hay bienes que no tienen precio y eso lo trasmite día y noche con su presencia en las calles. En esta lucha no hay diferencias sociales ni económicas, la gente está fuera de sus casas, como si hubieran sido instruidos en la resistencia pacífica. Porque la no violencia, tiene mayores efectos que cualquier rebelión violenta.

Son 14 años de resistencia a un régimen, que llegó al poder anunciando que se quedaría por los próximos 500 años. Sin embargo este pueblo se mantuvo en pie, oponiéndose democráticamente en cada una de las elecciones que se dieron desde diciembre de 2005. La resistencia tuvo altas y bajas, pero siempre fue resistencia, intentaron derrotarnos políticamente, económicamente y militarmente, pero no pudieron derrotar nuestro espíritu, que es inquebrantable.

Llevamos más de 450 años de una historia de lucha permanente por lo que consideramos justo. Ese espíritu no se doblega fácilmente, y esta semana ha sido una muestra de lo que somos capaces de hacer como un pueblo que en su memoria colectiva subyace la oposición a la tiranía.

El Dr. Alcides Parejas siempre cita al historiador argentino Levillier, quien en 1939, en el prólogo a un libro de Enrique Finot, dice sobre la historia de Santa Cruz que es “patética y grandiosa en su sostenido heroísmo”. Hoy más que nunca entendí la dimensión de ese concepto dicho hace ochenta años atrás. Para mí adquirió todo el sentido, lo que el Dr. Parejas, nos trasmitía cada vez con esa frase, patética por que conmueve y grandiosa, por que sobresale de lo común.

Nuestro sacrificio es por la democracia, por la libertad, por el futuro y por Bolivia en su conjunto. Que no se atrevan nunca más a decirnos provincianos, regionalistas, separatistas, anexionistas y tantos otros epítetos con que los gobernantes nos han agraviado a lo largo de nuestra historia. Tampoco lo permitamos, con este sacrifico, que es el de todos, hemos demostrado una vez más la nobleza de nuestra acciones.

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