Marcelo Ostria Trigo

A poco menos de tres semanas de las elecciones presidenciales, persiste el empeño en difundir distintas y controvertidas versiones de los antecedentes de los candidatos. En un sector de la oposición se piensa que para restaurar la democracia y la institucionalidad republicana de Bolivia, se debe votar en favor de cualquier candidato que pueda desbancar al actual presidente que está empeñado en obtener, aunque ilegalmente, su tercera reelección. Es decir, cualquiera sería preferible al binomio oficial, sin reparar en antecedentes y planes de su sector político. Parecería que no importa ahora que un pretendiente no haya demostrado planes, orientación, ni ostentado un pasado inobjetable.

Ciertamente, esta actitud es la que favorecería ahora a los seguidores del Foro de San Pablo que, ante el inevitable cambio, apoyan a un candidato tapado. Sin embargo, se pretende hacer olvidar que hay ejemplos similares en la historia del país.

Es cierto que hubo general convicción de que era preferible cualquiera que reemplace a los gobiernos militares en la década de los 80. Se confiaba que ese “cualquiera” era la opción aceptable para recuperar la libertad, la democracia y, sobre todo, el bienestar. Pero no fue así, en el gobierno de reemplazo hubo desorden, inflación desbocada, abandonos en la cúpula, partidarios con divergencias insalvables, lo que precipitó su temprano ocaso.

Todo esto ya fue remarcado en las redes sociales como una actitud que ahora puede resultar en “más de lo mismo”, o peor. El afán de que cualquiera es mejor que lo malo, puede resultar en lo peor.

Hay una repetida pregunta: ¿La historia se repite? ¿Es verdad que es inevitable que suceda lo que ha pasado? Sobre este tema hay un notable ensayo –“La Historia se repite” – de Arnold Toynbee en su libro ‘La Civilización puesta a prueba’. La respuesta es: no necesariamente. Pero esto depende de los ciudadanos que se nieguen a tropezar en la misma piedra.

A los ciudadanos corresponde, contando con la información necesaria, discernir entre un cambio real y uno que tiene el propósito oculto de seguir el camino populista de la actualidad.

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