Carlos Valverde

No quise intervenir más allá de lo que dije en primera instancia acerca del “affaire” (apaño, arreglo, enredo, rollo, lío) entre Carlos D. de Mesa y el MNR, respecto a una entrega o si se quiere “indemnización” al “cortejado” periodista para convertirlo en candidato a vicepresidente acompañando a Gonzalo Sánchez de Lozada en las elecciones del año 2002.

Dije hace unos meses: el cheque de garantía se firmó en el “capó de un vehículo en una calle de La Paz, horas antes de la proclamación”, lo firmó el entonces dirigente emenerrista Arrien y se entregaron cerca de 820.000 dólares en total; fue todo, resulta que tengo precio y agradecimiento por Ximena Valdivia, ella me acogió en PAT, igual que Carlos Diego… eso lo destaco siempre.

Sin embargo, la habilidad de Amalia Pando en su programa Cabildeo, en la que logró que Mesa, el mejor comunicador del país trastabille, dejó una frase que sonó muy fuerte, pese a que fue dicha casi como al pasar: “un hecho que de haber sido un hecho irregular, prescribió hace más de 16 años”.

Eso me lleva a escribir lo que dije en mis programas “Nada que perder” (Cotas Cable, nocturno canal 37) y Carlos Valverde en la Red (internet, facebook y YouTube): porque creo que esto parece mucho a inmoralidad política; es inaceptable desde todo punto de vista y no creo que sea un tema de que prescriba o no; se trata de que los papeles están en nuestras manos, son documentos bancarios, depositados en gran parte por empleados del Canal PAT de ese tiempo y el tema necesita ser explicado sin escudarse en el hecho de que “por ser campaña es guerra sucia”, cuando lo correcto es que los aspirantes a ser presidentes debieran transparentar y explicar absolutamente todas las dudas o cuestionamientos, que se tengan sobre determinados hechos.

¿Le dieron plata por ser candidato? ¿Lo indemnizaron? Hasta donde muchos conocemos, sí. ¿Es delito? No creo… puede ser cuestionable moralmente, pero también no faltará quién lo justifique en el entendido de que se sostiene que después de ser candidato ya no se puede volver al periodismo y esa es una verdad a medias, porque si la gente no lo elige no le está vetando de su trabajo, pero, sabrán ellos cómo arreglan sus cosas en ese sentido. Carlos de Mesa pudo explicarlo, prefirió escudarse en la cantaleta de que todo es guerra sucia, cuando la guerra sucia es una falsedad; demostrar hechos o acercarse a los mismos no es guerra sucia, es periodismo.

Dije en mis programas y lo ratifico aquí: pareciera que en esta campaña, con tanto que se esconde se está tratando de expulsar la corrupción ajena para instalar la corrupción propia y pedí y exigí aclaración inmediata, no es posible que las elecciones sirvan para comparar quién es más o menos corrupto, cuando se trata de quién no es corrupto y está capacitado, además, para ser presidente de las República.

Es un hecho de que la disputa electoral, como la planteó Carlos de Mesa es una disputa entre él y Evo Morales (Ortiz es tercero cómodo) y el presidente también está en mi cuestionamiento, porque desde hace un par de semanas trató de que responda cómo fue que le robaron 40.000 dólares americanos del velador o “comoda” del dormitorio de la residencia presidencial, si declaró en la Contraloría el robo en su declaración jurada, si lo denunció formalmente ante la Fiscalía y Policía; entiendo que un policía hizo la investigación del caso, pero que en archivos policiales no consta denuncia alguna y esos son temas que deben ser aclarados; es inadmisible que alguien le robe al presidente y eso quede sin explicación o que la policía trabaje sigilosamente en servicio particular y privado, cuando se trata del primer ciudadano del país.

No voy a decir que “la gente quiere saber” porque esa es una frase desgastada, como lo es eso de “quejarse de guerra sucia”; el hecho, para ambos casos, es que la gente tiene derecho de conocer de qué están hechos sus candidatos, qué tan confiables son. En la búsqueda de candidatos, la ciudadanía aspira a que sus políticos tengan valores, que digan la verdad, que sean capaces de responder o aclarar, según sea el caso; reitero, no se trata de que compitan entre ellos y comparen “tu corrupción contra mi corrupción”; como dice Carlos de Mesa… ya es demasiado el silencio de ambos.

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