Mauricio Paz Barbery*

Carlos Mesa Gisbert, quien después de su incursión en política se sacó de su apellido la preposición “De” (que denota procedencia de familia de alta alcurnia), fue parte de nuestra cotidianidad como presentador de noticias y documentalista audiovisual. Labores, no obstante, en la que se destacó y forjó una escuela periodística con un alto nivel intelectual, subiendo los estándares bolivianos del periodismo de opinión (ahora en descenso). Esta ocupación lo llevó de una manera irregular sin participación partidaria en un región altamente política como La Paz, a ser un hombre viable electoralmente en su contexto social: la oligarquía paceña. Oligarquía refinadamente de izquierda y absolutamente dependiente del Poder, al extremo que el refinamiento en la mayoría de los casos queda tan sólo en posturas estéticas.

El MNR, sobre la base de una mala lectura de la orientación del cambio que urgía a los bolivianos, el 2002 tomó la decisión de llevarlo como Vicepresidente de Sánchez de Lozada en vez de Víctor Hugo Cárdenas, privilegiando así el conservadurismo y renunciando a una nueva alianza de clase que al final terminó por parir un populismo indígena.

El candidato Carlos De Mesa le sumó votos de una izquierda acomodada al Poder distante de la izquierda radical que se acomodó en la tesis de Fausto Reinaga (indianismo) y la corriente de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe (Socialismo del S.XXI), puesto que los votos del Oriente y Sur lo puso el MNR. Su paso como Vicepresidente siempre va a estar marcado por su alejamiento de Goni en plena crisis, hecho tildado por los emeneristas como traición pura y llana.

Mesa siendo Presidente renunció – paradójicamente – a la historia y consolidó el camino del “populismo indígena”, que visto a la distancia no es más que una de las facetas políticas utilitarias de la oligarquía paceña, hoy agrupada de nuevo en el espectro que va desde Sol.bo hasta el ala no indígena del MAS… cuyo alfil es necesariamente Carlos Mesa.

Por lo anterior, no creo que Carlos Mesa sea el paradigma político post Evo. No para el Oriente. He estado dando vueltas a esta posición en base a una pregunta: ¿Cuál es la razón para que el Oriente le de una segunda oportunidad a Carlos Mesa?

Recordemos que Mesa siendo Presidente negó el curso de la historia al frenar dos hechos centrales:

1. IDH. Mesa se negó a promulgar la Ley de Hidrocarburos (L. 3058) en mayo del 2005. Norma que generó un fugaz viento de bonanza para las regiones del país. En una nueva renuncia a la historia Mesa devolvió al Parlamento la ley, y tuvo que ser un hombre valiente como Hormando Vaca Díez quien la promulgue (la vida me dio el honor de ser su amigo). En ese momento Hormando dijo: “[…] creo que el país no está para jugarretas, creo que el país está para que sus poderes del Estado resuelvan, decidan; no voy a esperar un día, un mes, un año para cumplir la CPE….”. Ahora es historia sabida que Vaca Díez hizo lo correcto y Mesa se negó. Lo singular es que la negativa de Mesa al IDH coincidía totalmente con la posición política del MAS, cuya bancada votó en contra de la ley y años después la derogó. Al tiempo Carlos Mesa en un balance tímido de su gestión reconoció su error que lo llevó a salir del Palacio Quemado sin pena ni gloria: “[…] El Referéndum fue la gloria y el desastre, la fortaleza y la debilidad. La Ley de Hidrocarburos fue el camino de una sepultura anunciada…”. Camino que escogió en privilegio del MAS-IPSP.

2. Autonomías. Mesa siempre fue, es y va a ser reacio al protagonismo de las regiones, especialmente del oriente sea bajo el modelo autonómico o federalista o el que sea. A la Autonomía se opuso siendo Presidente y desencadenó en el Oriente el “Primer Cabildo” (sobra mencionar aquí los detalles de su renuencia y sus posteriores explicaciones y “doradas de píldoras”). Estoy convencido que su oposición a uno u otro modelo administrativo se debe a que es un hombre de la oligarquía acostumbrada al manejo del Poder centralista sin contenido real de visión país/nación. No se visualiza cual sea la razón para que cambie; ni siquiera por tener entre sus filas a un cruceño destacado y honesto como Carlos Hugo Molina, Mesa va a apostar por una Autonomía efectiva. Coincidentemente también, la oposición a las autonomías departamentales lleva a Mesa a converger políticamente con el MAS y a coincidir en el discurso anti región.

Es importante que un líder deba tener la capacidad de articular las diferencias… Mesa las ahonda, y peor aún no congrega. Si la intención de votos de una parte del Oriente hoy por hoy va en sentido de Mesa, no es porque los votantes estén convencidos de que es el hombre post Evo. No. Es por la corriente interpretativa instalada desde occidente de que “no hay más quién” o por una reacción adversa total a Evo.

Finalmente, en un análisis de coyuntura me nace una pregunta accesoria sobre Carlos Mesa. A casi 20 años de la irrupción política del masismo podemos ver que los postulados, añoranzas, dogmas, principios y promesas que forjaron su discursiva los primeros años (2003-2006) al final fueron eso… Promesas. La evidencia de ello es el abandono radical de su núcleo ideológico (alejamiento de sus principales intelectuales: Filemón Escobar (+), Chato Prada, Patzi, el Grupo Comuna, el CEJIS, etc.), y el antagonismo de su base formativa (el indigenismo aimara). A consecuencia de ello el MAS ha perdido más de 3 millones de votos. Actores los nombrados, que sí han salido a cuestionar de frente y con posición real opositora; por el contrario, Carlos Mesa no sale de un discurso opositor light.

El MAS, para ganar las elecciones lo intenta hacer en el marco del tecnicismo electoral de lograrlo en base a la diferencia de 10% por encima del segundo. Visto de esta manera, me llama mucho la atención que Mesa hubiera optado por no hacer campaña frontal y directa con el elector, sólo por las redes sociales (para el análisis). Ahora bien, el masismo ha establecido una ruta crítica para la mantención del Poder con un Plan A: de ganar las elecciones del modo que sea, o bien cueste lo que cueste. Y si por algún motivo no logra este primer plan, tendrían un Plan B: hacer presidente a quien le garantice dos cosas: 1. Mantener el Centralismo y seguir invisibilizando el liderazgo del Oriente y 2. Atenuar el daño de 15 años de vicios, errores y corrupción. En este sentido: ¿Podría ser Carlos Mesa Gisbert el hombre que garantice los objetivos del Plan B? Me pregunto.

*Fue constituyente opositor por el Beni

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