A raíz de la actual polémica sobre Carlos Mesa y los cobros para la campaña 2002, republicamos esta nota de opinión, originalmente difundida en el 2012 por su autor.

Mauricio Balcázar Gutiérrez*

La historia contada depende mucho de la memoria, pero si se basa sólo en la memoria uno corre el riesgo de recordar solamente lo que le conviene. Esto es comprensible en cualquier persona, pero es inadmisible en un historiador profesional como Carlos D. Mesa, que traiciona su memoria deliberadamente para escribir lo que quiere que crean los demás. Carlos D. Mesa hace gala de su memoria al escribir sobre deporte e historia, pero resulta selectivo al relatar hechos que lo tuvieron como protagonista.

En una entrevista reciente, por ejemplo, afirma que en junio de 2005 renunció por ética y se presenta como un político desprendido y de compromiso absoluto con la democracia. Por lo visto, Carlos D. Mesa prefiere olvidar que tres altos funcionarios de su Gobierno solicitaron una reunión con funcionarios de la Embajada de los Estados Unidos en La Paz, pocos días antes de que se aceptara su renuncia.

En esa reunión, realizada en una casa particular en Obrajes (La Paz), sus mensajeros pidieron a los diplomáticos norteamericanos su opinión sobre un eventual cierre del Congreso Nacional, que impediría que su renuncia fuera aprobada. El funcionario norteamericano de más alto rango saltó como un resorte, como si hubiera sido emboscado, y respondió que no eran asesores de nadie y que el Presidente Mesa debería entender que cerrar el Congreso colocaría a Bolivia en la categoría de un país no democrático.

“Renuncié por ética” dice, cuando en realidad quería quedarse en el poder. El golpe contra el Congreso estaba en marcha e incluyó el traslado de mineros de Oruro a Sucre, el cierre del aeropuerto de Sucre, dejar desprotegido el Congreso Nacional al negar el envío de un refuerzo policial a Sucre, insinuarle al propio presidente de la Corte Suprema de Justicia, Eduardo Rodríguez Veltzé, que no asuma la presidencia, y las instrucciones precisas que dio a su “bancada”.

Dos días después el Congreso aceptó su renuncia, y el 9 de junio posesionó a su sucesor. Carlos D. Mesa no puede haberse olvidado de hechos tan importantes. Si los omite es para cultivar una imagen de sí mismo que tiene poco que ver con su comportamiento real.

Pero Carlos D. Mesa, en su afán de continuar enalteciendo su propia figura, olvida cosas hasta personales. En su reciente entrevista dice, en referencia a declaraciones en su contra emitidas por Sánchez Berzaín, que “… lo que yo puedo responder tiene una categoría ética distinta a la categoría de la persona que hace esta acusación”. Esos conceptos sobre Sánchez Berzaín no le impidieron mantenerlo como su abogado hasta la venta de PAT, años después de los trágicos sucesos de octubre 2003. Este hecho, en mi opinión, los pone en la misma bolsa.

Su memoria selectiva también le impide recordar que luego de aceptar ser candidato a la vicepresidencia del MNR, renunció y cuatro días más tarde aceptó nuevamente. En este intervalo pidió un aporte financiero con el pretexto de que sólo así evitaría la quiebra de PAT con su incursión en la política.

De ese chantaje pasó a la traición. Y para lavar su cara no vacila en culpar a Sánchez de Lozada de las crisis de febrero y octubre 2003, como no vaciló en otorgar amnistía a los verdaderos culpables, cuyo respaldo esperaba lograr para mantenerse en el poder. Si algo de ética le quedara a Carlos D. Mesa, dejaría que sean otros los que escriban, y recuerden, su papel en la historia.

*El autor es militante del MNR, interlocutor avalado por Carlos D. Mesa para sus relaciones internas con el MNR 2002-2003

Los Tiempos

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