El fugaz vocero que nombró Carlos Mesa para su campaña, Diego Ayo, se quedó corto cuando dijo que el régimen ha conseguido altos niveles de eficiencia para cometer canalladas.

El candidato Oscar Ortíz seguramente tiene razones para hablar de algo así como una ingeniería de la vileza luego de la maniobra que ejecutó una mano dañina a través de Edwin Rodríguez, quien intempestivamente renunció a la fórmula de “Bolivia Dice No”.

Esta patraña deja en la incertidumbre a Ortíz, pues queda por definirse qué otra movida tiene planeada el Tribunal Supremo Electoral, que también forma parte de la misma arquitectura, cuya misión es dejarle el camino libre de obstáculos al binomio oficialista y al que podría denominarse ahora como “candidato designado” del régimen.

Lo más sorprendente de todo este cuadro ha sido la reacción de las plataformas que se habían aliado a Ortíz y que al parecer estaban esperando la señal para mostrar su falta de convicción en la lucha por la recuperación de la democracia. En este contexto, el sendero hacia la dictadura parece empedrado por un ejército de canallas que lucen como mansos corderos.

El Día

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