Marcelo Ostria Trigo*

Emilio Martínez Cardona, intelectual de fuste, escritor, periodista y poeta, es conocido por todos los que vivimos en esta generosa tierra. Su prolífica obra ha sido publicada y destacada en el país, en el exterior y por supuesto también en Uruguay, donde el autor nació.

Por ello, presentar un libro suyo, además de ser un honor es un desafío, pues no es fácil estar a la altura de este cometido.

Por supuesto que no tengo la intención de contar los hechos que relata Emilio con tanta precisión. Solo quiero destacar algunos de los que trata en la hora crucial que ahora vive nuestro país –que Emilio ha adoptado con cariño y entrega–, y poner de manifiesto su contribución a la causa de la libertad y la democracia, tan amenazada en América Latina.

Aunque sea redundar, quiero insistir en que la obra de Emilio Martínez es de compromiso con la sociedad amenazada. Busca la verdad con empeño, responsabilidad y, sobre todo, valentía. Y la presenta como aporte y ejemplo de conducta a los que, como él, estamos convencidos de que, al final, la razón y la verdad prevalecerán.

A lo dicho, deseo referirme al libro ‘El caudillo ilustrado’ como lo que es: una dramática historia preocupante que puede repetirse, y la muestra de un personaje cuya tenacidad fue –y es- surgir a como dé lugar en la complicada política boliviana.

La obra, en efecto trata sobre ese pretendiente a caudillo, que no mide ni sus fracasos ni sus compromisos espurios, ni su juego con la esperanza de los bolivianos de desterrar el autoritarismo que se empeña en perdurar.

En las páginas de ‘El caudillo ilustrado’ hay relatos sobre la conducta política del que ahora procura dirigir nuevamente la República. Y se exponen hechos y referencias documentadas y con el respaldo de importantes relatos de testigos sobre la permanente simulación de este personaje; desde ser parte, como vicepresidente, de un gobierno elegido democráticamente al que en una hora difícil abandonó, hasta adoptar, consumado el golpe de Estado, la llamada “Agenda de Octubre” que fue la base del avance neo populista ahora prevaleciente.

Pero hay más. En el recuento de lo que hizo este personaje hay antecedentes que muestran sus inclinaciones políticas, ahora parcialmente disimuladas. Uno de esos antecedentes: entrevistó al dictador cubano, ya fallecido, y no reparó en afirmar que era honroso hablar con él “no como presidente, sino con una figura que ya es parte de la historia (…) porque la historia tiene un antes y un después de Fidel Castro”, al que se dirigió con un remarcado “comandante”.

Por supuesto que lo anterior fue un adelanto de lo que vendría después. Esto se refleja nítidamente en la obra de Emilio que, además de su bien fundado relato histórico, es una advertencia para todos los bolivianos de lo que pudiera suceder, tanto con la derrota de este personaje, concertada con el poder actual, como en un presunto –seguramente improbable- triunfo electoral del pretendiente a caudillo.

Esta advertencia subyacente en muchos de los pasajes del libro de Emilio, recuerda la gran cuestión: ¿La historia se repite? Sí, si se consolida un proyecto continuista, con la ayuda de quienes son funcionales al neo populismo depredador.

Todo esto, y mucho más, se encuentra en ‘El caudillo ilustrado’.

La advertencia esta lanzada con el conocido vigor y coraje de su autor.

*Ex embajador de Bolivia en la OEA

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