Arturo Yañez Cortes

Es sabido que las personas decentes, permanecen en todas las circunstancias fieles a sus principios y valores, mientras los camaleones, que siempre están en estado permanente de subasta pública, No. MARX (el Groucho, no el Karl) dijo: “Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”, reflejando precisamente aquella perversión del arribismo y llunkherio, propio de sujetos que tienen sino anulado, sumamente disminuido su sentido humano de dignidad: “Cualidad del que se hace valer como persona, se comporta con responsabilidad, seriedad y con respeto hacia sí mismo y hacia los demás y no deja que lo humillen ni degraden”, define el mataburros.

Aunque en la Bolivia plurinacional ya estamos acostumbrados a esos ejemplares, bautizados como atawatos (chupatetillas, según el jefazo de algunos) pues parece que, en el oficialismo, la única manera de sobresalir o por lo menos, pugnar para recibir algunas sobras del banquete de la oligarquía plurinacional, radica en el ovejuno servilismo a las designios de su jefazo y Cia; el ciudadano quedó indignado cuando esta vez, para variar, aquella perversión humana provenga nada más ni nada menos del Secretario General de la OEA, arreado como sponsor del binomio trucho a la republiqueta cocalera del Chapare, con chalina azul oficialista y guirnalda de coca, no podía faltar.

No es que afirme que los cambios no sean condición permanente del ser humano; incluso, HERACLITO enseñó: “Nada es permanente a excepción del cambio”, pero cuando ese cambio salta en garrocha de un extremo opuesto al otro, surge duda razonable sobre su autenticidad. Es, como ir del Stormers al Universitario aquí en la Capital o, a propósito, en términos charrúas, del Peñarol al Nacional.

Tratándose del Secretario de la OEA, que debiera ser el principal defensor de, por ejemplo, la Carta Democrática Americana (2001) ideada para la promoción y fortalecimiento de los principios, prácticas y cultura democráticas entre los estados de las Américas, sosteniendo que son elementos esenciales de la democracia representativa, el respeto a los DDHH y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos; su repentino camaleónico apoyo al binomio trucho sosteniendo fuera discriminatorio impedirle participar en las próximas elecciones (pese al 21 F y al art. 168 de la CPE, digo yo), constituye prueba de aquello de FOUCHE: “Todo hombre tiene su precio, lo que hace falta es saber cuál es”.

Así las cosas, no parece una especulación advertir que como el actual mandato del Secretario General concluye en mayo de 2020, habiendo ya anunciado su intención de optar a la reelección cuya decisión se estima para inicios del año entrante, su vergonzosa camaloneada obedecería a sus urgencias personales para conseguir el voto de Bolivia en la Asamblea General que votará su nueva postulación.

Por ello, atrás quedó –del Jefazo para el Secretario General- aquello de “loco”, “títere del imperio”, “mercenario enemigo de la democracia” u “obsesionado golpista” mediante su cuenta del pajarito azul -ahora resulta que había sido “su hermano”- y, de parte del Secretario General, sus ansias de relección le hicieron rápidamente olvidar aquello de: “@evoespueblo deberá respetar decisión popular que dijo No a relección. Ningún juez puede levantar el dictamen del único soberano: el pueblo” o también: “En realidad, el art. 23 de la Convención de DDHH citado por la sentencia del TCP de Bolivia no contempla derecho a perpetuarse en el poder. Además, la relección presidencial fue rechazada en referéndum por voluntad popular en 21F en 2016”. Impostura y cinismo total, de ambos lados: “No todo tiene precio. Firma: la dignidad humana”.

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